RELACIONES

Ya no creo en los para siempre

“La fórmula secreta de todos los para siempre reside en el hoy. Así que ven y asegurémonos cada día el hoy, incluyendo el de hoy, el hoy de mañana y todos los hoy que nos queden por vivir”.

 

Yo no sé qué pasa que mientras más crecemos, más incrédulos nos volvemos. Pasan los años y conforme avanza el reloj de la vida, dejamos de creer en muchas cosas. Dejamos de creer en el ratón de los dientes, en el coco dentro del armario y el monstruo que vive bajo la cama. Ya no nos tragamos el cuento de Santa Claus o los Tres Reyes Magos y mucho menos que luna es de queso.

Y un día, también nos damos cuenta que sí, que es verdad y eso del amor tampoco es para siempre, pero siempre lo que se dice siempre. Vamos, que el “felices para siempre” y el mentado “amor eterno” resultan una de tantas ficciones más como las que tanto oímos cuando niños.

Sin embargo no está tan mal darse cuenta de eso. Al contrario, lo aceptamos con plena y tranquila resignación porque hemos descubierto algo mucho más grande y mejor: el momento presente. Y cuando lo hacemos  es como si nos quitáramos un peso tan grande de encima. Es decir, la presión que implica el alcanzar ese “para siempre” con alguien y que al final no resulte, deja de ser una carga y se esfuma. Nos relaja y nos hace ver que todo depende simplemente del “hoy”.

Entonces nuestras relaciones cambian y también la forma en la que las llevamos. Nos damos cuenta que ya no queremos ni creemos en los “para siempre” que duran lo que dura un parpadeo, y en su lugar, comenzamos a trabajar por momentos presentes más duraderos, convirtiendo los “paso a paso” en una constante que se alarga indefinidamente porque ya no hay presión ni ansiedad por alcanzar el “para siempre” con desesperación.

Yo mismo me di cuenta de eso cuando me puse a pensar en la cantidad de “para siempres” que prometí y me prometieron. Tantos futuros con gente distinta y ninguno se cumplió. Hasta que un día entendí que no hay para siempre que se cumpla por arte de magia, porque “para siempre” es la suma de todos los momentos presentes que se trabajan en ese justo instante durante cada día, sin preocuparte por el pasado y menos por el futuro, porque justamente el futuro depende de lo bien logrado que se tenga el hoy. No hay más.

A partir de ese momento dejé de prometer el famosos “felices para siempre” y en su lugar, comencé a prometer buenos presentes siempre. Era mucho más sencillo asegurar un buen momento presente que asegurara un buen momento futuro, en lugar de solo fantasear y soñar con ese futuro lejano que ni siquiera estaba trabajando en mi presente.

“Tal vez la verdadera eternidad se encuentre en los momentos presentes. Esos pedazos de vida que compartimos y le regalamos a alguien más”.

Así fue como dejé de creer en los para siempre que duran poco y me hice más devoto de los poco a poco que duran siempre. Esos momentos e instantes que son importantes porque ocurren aquí y ahora  y es lo único que importa. Con eso me quité la presión del mañana, porque sabía que mañana iba a hacer exactamente lo mismo: vivir el momento presente que asegurara otro momento presente pasado mañana y así cada día.

Cuando abandonamos la idea del apego que provoca el querer dar por hecho que los “siempre” ocurren fácil y de la nada, comenzamos entonces a trabajar realmente cada día por los siguientes momentos de los siguientes mañanas que nos quedan por vivir. Y honestamente, encontrar a alguien que haga lo mismo contigo y no quiera venderte más falsos para siempre, lo es todo.

Lo es porque entonces ya no hay necesidad de prometer algo que no sabemos si va a llegar; algo que desgasta por no saber si ocurrirá y solo provoca miedo, incertidumbre o ansiedad. En su lugar, y de manera sensata, ofrecemos nuestro presente de cada día porque es lo único que tenemos y lo único que hay. Lo ofrecemos porque es lo más valioso y lo más certero que existe para construir una relación larga.

Al final, tal vez todo este tiempo hemos vivido engañados y hemos estado tan preocupados por encontrar a alguien que nos prometa un “para siempre” de verdad, en lugar de buscar a alguien que ya lo haya entendido y prefiera mejor regalarnos un “por el resto mis días y momentos presentes”.

Sé que no es un “para siempre” porque hasta el resto de nuestra vida es finito, pero yo lo prefiero, porque es más real y alcanzable. Porque al final del día, un “por el resto de mis días” sincero y con ganas, vale más que todos los “para siempre” fugaces del mundo. Y no sé ustedes, pero eso ara mí, está mejor que bien. 

Fin. 

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