Todos tenemos un lugar donde amamos la vida

“Es bueno de vez en cuando alejarse del mundo y regresar a esos sitios, actividades y personas que son una bocanada de aire fresco. Un bálsamo para poder continuar”.

@ALEJILLOTOL

No saben cuánto extrañaba regresar aquí, donde todo comenzó. Me parecen años desde la última vez que les escribí en es este espacio, que aunque ha estado inactivo, sigue siendo tan suyo y tan mío como siempre. Si no mal recuerdo, la última entrada en este blog fue en octubre del año pasado, justo días después de la publicación de mi libro y a partir de ahí tuve que alejarme de aquí para atender otros asuntos literarios.

Y justamente, a raíz de la publicación de mi libro, los últimos meses han sido muy ajetreados. No he parado de estar en ferias y presentaciones, entrevistas y eventos, que de alguna u otra forma me impedían tomarme el tiempo necesario para sentarme y escribir en este espacio que es tan personal e íntimo para ustedes y para mí.
Hoy, finalmente tuve tiempo de hacerlo y una paz y calma me invaden ahora que lo hago. Realmente extrañaba esto, hablarles así de cerquita. Siento que es como mantener un secreto que solo ustedes y yo sabemos. Y para ser honesto, cada vez que escribo aquí, me siento en casa, en ese refugio donde nada duele y nada grita. Mi ansiedad se aquieta y abandono la necesidad de correr.

Siempre he pensado que todos tenemos un lugar, un sitio o un refugio donde fuimos felices. O como dice la canción, donde amamos la vida. Es un lugar al que siempre regresamos de alguna u otra forma. Y no solo puede ser físico, a veces son personas, objetos, libros o canciones que no visitábamos hace tiempo. Eso es exactamente lo que me pasa a mí ahora que vuelvo a escribir aquí. Me alegra haber podido regresar a este lugar, que aunque virtual, se siente cálido y acogedor. Aquí es donde soy muy feliz, y espero que ustedes también.

“Si paras, te reparas”

mi mamá

Pienso que el hecho de tener un lugar así, no necesariamente significa que donde estamos ahora no nos guste o no nos haga felices. A mí por ejemplo, me hace tremendamente feliz lo ocupado que he estado gracias a mi libro, es una experiencia totalmente nueva y emocionante. Sin embargo, el regresar a ciertos lugares o retomar ciertos hábitos y experiencias que dejamos en pausa o abandonadas por un tiempo, siempre calienta el corazón y nos regresa la calma. Es un sentimiento muy similar al que se experimenta cuando se ve a la familia después de un viaje largo y mucha ausencia. Lo mismo pasa en esos “lugares donde amamos la vida”.

Y como ya dije, todos tenemos uno y quien no lo tenga, mis condolencias, porque entonces significa que no ha logrado construir nada de valor que dé significado a su vida y ese es un grave problema que por supuesto, es imposible de tratar en una cuartilla  y media. A lo que voy, es que es sumamente llenador y sano visitar de nuevo esos sitios. Sobre todo cuando el ruido del mundo ha comenzado a ser tan fuerte, que nos impide escuchar nuestra voz interior, esa voz del “yo sabio” que siempre está ahí y nos guía como brújula para no perder el norte. Es una forma muy eficaz de emprender un viaje de regreso a nosotros, para no perdernos por completo y no olvidar quienes somos.

Mi madre siempre dice una frase: “si paras, te reparas”. Y es tan cierto. Eso es justo lo que esos refugios donde somos felices y amamos la vida nos regalan: la oportunidad de hacer un alto en el camino para sanar, curarnos, reconstruirnos, recordar nuestra esencia y regresar a origen que siempre nos ayuda a retomar el rumbo. Yo ahora no puedo decir que he perdido el rumbo, creo que lo tengo más claro que nunca. Pero lo que sí puedo decir, es que necesitaba tomarme un tiempo fuera del ruido exterior, para tomar aire fresco. Y este blog que empezó siendo mío y después de ustedes, es ese aire fresco que necesito para renovarme y no perderme entre tanto ajetreo exterior.

Así que si alguno de ustedes o quien sea que lea esto, se encuentran en un momento de la vida donde sienten la imperiosa necesidad de correr a ese refugio, háganlo. Corran y quédense ahí el tiempo que haga falta. Sanen sus heridas, ordenen sus pensamientos, curen sus emociones y cuando estén nuevamente reconstruidos, salgan otra vez al mundo más sabios, más fuertes y más en calma para que nada ni nadie de afuera, pueda quitarles su paz. Yo por lo pronto creo que regresaré aquí una vez a la semana. Volveré a instalarme y disfrutaré mi estancia otra vez, en este espacio que aunque a veces no visite en mucho tiempo, siempre, siempre, será el refugio y hogar al que he de regresar.

Continuará…

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