Sin miedo a sentir

“Toda la gente dura y fría que has conocido, alguna vez también fue suave como algodón. Y para eso los conociste, para que evites que eso mismo te pase a ti.”

 

Así que finalmente te convertiste en un integrante más de la larga lista de personas que por “culpa” de sus decepciones, dejaron de sentir y de vivir. Te convertiste en eso que pensaste jamás te iba a pasar a ti, porque en ese entonces todavía creías. Pero luego, llegaron esos “monstruos” despiadados que osaron con romperte y quebrarte hasta que no quedara nada de ti, obligándote a construir una fortaleza impenetrable e impermeable al dolor que te protegiera de las inclemencias del amor. 

Desde entonces nada ha vuelto a ser igual y te acostumbraste a ir por la vida así, envuelto en tu fortaleza de hielo. Tan desconfiado y aislado que cualquier indicio o pequeña muestra de cariño es suficiente para revivir el pasado y alejarte de inmediato como si se tratara de la peste. Como si estuvieras condenado a sufrir lo mismo que te ocurrió en el pasado si aceptaras confiar de nuevo.

La idea de lo tormentoso e hiriente que es el amor creció en ti y dio frutos. Tantos, que ya no recuerdas cuánto tiempo llevas con la misma filosofía y crees que vivir así es mejor porque no hay dramas, no hay dolor, ni nada que pueda perturbarte esa aparente “paz” que has logrado conquistar.

Sin embargo, algo dentro de ti a veces se cansa pero lo ignoras. Es esa voz que a veces te sugiere que lo intentes, que ya ha pasado mucho tiempo desde la última vez y que tal vez las cosas podrían ser diferentes, pero de nuevo la amordazas y la encierras bajo llave. No es que quiera llevarte la contraria, pero tal vez esa voz tenga razón.

Tal vez creas que eso te ha funcionado y que estar huyendo del amor y sus propuestas, desconfiando de todo el mundo y creyendo que todo es y siempre será igual, para que al final, termines siendo la víctima de alguien que no sabe cuidar ni valorar tus sentimientos, es una condena de la que jamás vas a escapar, pero temo decirte que es probable que exageres.

¿Por qué? Por es cierto que has sufrido, pero no has sido el único. Todos hemos pasado por ahí y sabemos lo que es tener el corazón roto. La diferencia es que algunos eligen evitar que eso los cambie y otros simplemente…dejan de sentir.

Si te pones a pensarlo bien, la culpa no es de esos “monstruos” que se cruzaron en tu camino y arrancaron una parte de ti, porque los monstruos tienen el poder que nosotros mismos les damos. La realidad es que elegiste ese camino por ser camino fácil, el más sencillo y la salida que utiliza todo el mundo para justificar su falta de introspección y responsabilidad.

¿Te has puesto a pensar cuáles fueron tus responsabilidades en todo lo que te pasó? ¿Qué hiciste o qué dejaste de hacer y te llevó a vivir eso? Apuesto a que no. Ahora puedes hacerlo. Y probablemente te vas a enojar porque nuevamente crees que has sido la víctima de esos malos muy malos que te hicieron daño, pero no.

“¿Cómo piensas sanar las heridas de tu pasado si sigues tocándolas? Deja que el pasado se quede donde está, porque te aseguro que no tiene nada nuevo que aportar.”

Aquí de la única persona que has sido víctima es de ti mismo y esas ideas absurdas que te compraste sobre el amor después de haber sufrido algunas decepciones. Porque los “monstruos” ya se fueron y ya no existen. Ellos inclusive ahora puede que estén con alguien que les haya ayudado a dejar de ser unos “monstruos” y en cambio tú, estás aquí, leyendo este texto porque sabes que tengo razón y reviviendo una y otra vez todo eso que te ocurrió como si fuera ayer; cada vez que lo piensas, lo traes a tu presente. ¿Ves la diferencia? En realidad no hay monstruos ni víctimas, solo quienes creen ser uno u otro. 

El quedarte atorado ahí, en esa experiencia que te dejó mal sabor de boca, no es culpa del monstruo, es una decisión que tú tomaste porque así lo quisiste, porque era lo más fácil en lugar de ser honesto contigo, aceptar tus responsabilidades y aprender de esa historia para no repetirla otra vez y mejorar. ¡Ah, pero no! Usted prefirió quedarse ahí, en su banco de víctima, siendo la muñeca fea que llora por los rincones porque el amor duele y qué difícil es.

El drama siempre fue tuyo y lo has hecho tan grande, que ya no sabes cómo salir de él. Preferiste hacer una tormenta en un vaso con agua antes que hacer un alto, reconstruirte y continuar más fuerte y más preparado para no vivir lo mismo otra vez, pero como jamás lo hiciste, caíste de nuevo, y de nuevo, y de nuevo y así en un ciclo sinfín que tú mismo puedes parar pero no quieres, porque es más sencillo eso de “es que tengo tan mala suerte en el amor”, “es que eso del amor no es para mí”, “es que siempre me tratan mal y yo que soy tan bueno”, “es que nadie sabe valorar ya un buen amor como yo”, “es que…es que…es que” ¿Es que qué? ¡Es que nada! Es solo que te gusta hacerte la víctima en lugar de trabajar en ti y obligarte a aceptar que también has metido la pata y te has auto saboteado.

Por eso hoy yo vengo a proponerte a que hagas las paces con tu pasado, porque la única forma de hacer que sanen las heridas que te causó, es dejando de tocarlas. Así que ya, déjalo. Deja de justificarte diciendo que eres frío y duro por culpa de todos aquellos que te decepcionaron, porque tu pasado ya pasó y eres tú quien lo sigue trayendo al presente cada que lo recuerdas. No digo que va a ser sencillo hacerlo, vas a tener que poner de tu parte, pero al menos inténtalo.

Date cuenta que no necesitas ya esa fortaleza de hielo porque tarde o temprano, te vas a cansar de cargarla y si no te deshaces de ella ahora, lo que ocurrirá es que por tu afán de seguir siendo un insensible para evitar salir lastimado, podrías dejar pasar de largo a alguien que valga toda la alegría del mundo y que posiblemente era lo que necesitabas para ver que no todo estaba perdido.

Desármate y suelta tu artillería, no tienes nada de qué protegerte con tanto recelo porque no hay amenaza alguna. Temer y desconfiar lo hace todo el mundo, no seas como todo el mundo. Mejor, conviértete en uno de esos que aprenden de sus experiencias y se hacen más fuertes. Sé alguien que viva sin miedo a sentir, porque el amor no duele y claro que es para ti.

Fin.

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