#LaSopaDeAlex

No quiero meterme con tus hijos, quiero que dejes de meterte conmigo.

“Y de repente, el mundo se conviritó en ese lugar donde muchos olvidaron la regla número uno de su libro favorito: ama a tu prójimo.”

 

Estoy cansado. Cansado de los señalamientos, las acusaciones, las calumnias y las mentiras. Estoy cansado de seguir siendo el blanco de aquellos que simplemente, prefieren rechazar y condenar lo que es “diferente” sólo porque no logran entenderlo.

Estoy cansado de luchar contra lo que parece ser un monstruo que no entiende de razones, fundamentos o argumentos y que sólo escucha lo que quiere escuchar, entiende lo que le conviene entender y propaga como virus, esa terrible enfermedad llamada odio. Un monstruo que al final, no es más que la servidumbre de un grupo aún más peligroso y cuyos intereses están por encima de todo derecho y libertad.

Y qué difícil y agotador es vivir así, sumidos aún bajo la intolerancia, la discriminación y el rechazo a lo que es diferente o sale del concepto de “normalidad” que nos han enseñado por generaciones. Que difícil es darse cuenta que por cada logro obtenido, siempre hay una oposición. Un muro impenetrable que hará lo que sea para intentar dar marcha atrás a todo avance alcanzado.

Todo eso, lejos de aterrarme como en el pasado, ahora no hace más que irritarme como si se tratara de la molesta piedra en el zapato, pues es jodido saber que todavía vivimos en tiempos del oscurantismo y las cacerías de brujas,  en donde hasta la vida de aquellos que sentimos diferente corre peligro, sólo por el capricho y la necedad de un grupo de personas que se resisten a aceptar lo que desde el principio ha sido una pieza más en la existencia humana y su naturaleza, a pesar de que haya quienes argumenten lo contrario, basados en un libro que ni siquiera han logrado comprender en su totalidad.

Pero después de todo ese hastío y de todo ese enojo, viene la indignación y la impotencia de saber que en un país como este, hace falta mucho más que activismos y reformas políticas que pierden su valor y significado cuando se enfrentan a una sociedad carente de educación en todo sentido, y que no obstante, se da el lujo de rechazar esa educación por creerla transgresora contra sus ideas erradas, e innecesaria para formar las mentes nuevas que mañana serán las que imperen en un país como México. Y ahí señores, está la clave: la educación. 

“Ninguna marcha que fomente el odio es una marcha a la que valga la pena asistir y toda marcha así, sustentada bajo el nombre de un dios, es mentira. Las familias son diversas y todas son familia”. 

México no duele, arde. Arde por su incongruencia, por su ignorancia y su moral acomodaticia a merced de lo que le conviene y lo que prefiere. Arde por su capacidad para organizar marchas que mutilan y aniquilan los derechos de otros o que hipócritamente guardan luto y rinden homenaje a personajes – homosexuales – célebres que finalmente, ya nada tienen que ver con los asuntos que realmente importan a los que nos quedamos aquí y que sin duda, afectan a todos, incluyendo a aquellas familias que tanto se jactan de ser “naturales”.

Así que, ¿hasta cuando? ¿Cuánto tiempo más seguiremos jugando a los cazadores y las brujas? Porque la realidad es que yo no quiero ni me interesa meterme en la familia de nadie, sólo quiero que nadie se meta conmigo y los que amo. Quiero que nadie venga a hacer sentir menos mi concepto de familia, sólo porque no se parece a la suya o porque alguien con creencias absurdas y escundándose bajo el nombre de algún “dios” que no es amor, le vendió esa idea para convencerle que efectivamente, todo lo que no se parezca a lo “nomal”, está equivocado.

Para ser honesto, no sé si tengo la razón o no y desde luego no tengo la última palabra. Tampoco sé de religión ni morales, pero sí sé cuando algo o alguien atenta contra algo tan básico como la felicidad y el amor de otros, sólo para beneficio y satisfacción de quienes no pueden y no quieren comprender que todas las familias son diversas y no por eso son menos familia que otras.

De cualquier forma, les tengo una noticias a todos los que viven marginando, censurando, limitando y cuestionando el amor en todas sus expresiones: al final, somos muchos más los que preferimos actuar desde ese amor en lugar del odio y como dicen por ahí, “el viento puede soplar fuerte, pero la montaña no lo va a reverenciar”. Y nosotros afortunadamente, somos esa gran montaña invencible que aquí sigue y aquí seguirá. 

Todas las familias, todos los derechos.

Fin. 

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3 thoughts

  • Me gusta mucho tu forma de escribir.
    Este es un tema que también me duele muchísimo últimamente, quizá porque una pequeña parte de mi familia tiene esa visión de que por amar a alguien de tu mismo sexo, ya estás mal. Creo que dejó una herida en mí y cada que leo comentarios parecidos solo duele más.
    Muchas gracias por poner palabras a lo que siento yo y muchísimas personas más.
    Estaré pendiente de más escritos tuyos (:
    Un saludo.

  • Fuera del precepto: Ama a tu prójimo “como a ti mismo”, en el “libro que tanto les gusta” (repetir de memoria también debería decir) aparece una cita que es considerada “La Regla de Oro”: “Haz al otro lo que te gustaría que hagan contigo”; y esta tiene un punto neurálgico, estamos en igualdad de condiciones ante cualquier situación.

  • Precisamente la educación es la clave para poder manipular a las personas. Mientras más ignorante un pueblo, más fácil es de manejar. Sigamos siendo felices, olvidemos los rencores. Dejemos que cada quien ame a quien quiera amar.

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