RELACIONES

Mi miedo más grande eres tú.

“El miedo a perder a alguien siempre encierra la pequeña posibilidad de salir con el corazón roto, y nadie quiere enfermarse de eso.”

 

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Dicen que el primer paso para perder el miedo es aceptarlo y después enfrentarlo. Pero cuando se trata del miedo que provoca perder a alguien, resulta inevitable el no querer afrontar la realidad de que ese pequeño riesgo, existe. 

Yo, por ejemplo, hace algún tiempo comencé a sentir ese pequeño miedo. Empezó como una pequeña y casi inaudible voz que ignoraba y lograba guardar de nuevo. Sin embargo, el tiempo siguió avanzando y te fui queriendo más y más, por lo tanto, el miedo creció y creció. 

No puedo decirte que de forma constante vivo con ese miedo o que me impide dormir por las noches. Pero creo que todos en algún punto de la vida experimentamos el temor que causa pensar en la posibilidad de perder a alguien.

Usualmente pasa con gente muy cercana que se ama con todo el corazón; los padres, los hermanos, ciertos amigos y bueno, en este caso eres tú, a quien amo más de lo que las palabras me permiten expresar.

Eres tú a quien he escogido como mi acompañante de viaje y de vida.  Así que efectivamente, y como si estuviera parado frente a un grupo de AA, diré: “hola,  este soy yo, te amo como no sabía que se podía amar y tengo miedo de perderte”

Decirlo cuesta un poco de trabajo al inicio, pero es en cierta forma liberador una vez que se pronuncia. Pienso que lidiar con el miedo se vuelve más sencillo si se acepta en vez de ignorarlo y querer obviarlo como si no pasara nada.

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Por eso hoy, en esta hoja que inició vacía, acepto el miedo que me causa saber de la existencia sobre el riesgo de que un día decidas marcharte o hagas algo que me haga querer alejarme. Desde luego sabes que todos los días hago y te entrego todo, incluso hasta las cosas que no tengo, para darte motivos y lograr que te quedes conmigo; que cada día vuelvas a casa y sea yo el que quieras que te espere.

No obstante, a veces ese miedo que parece sutil, logra hacerse de un gran peso. Me hace cuestionarme si verdaderamente es suficiente lo que hago o si es lo bastante bueno como para despertar en ti el deseo de tenerme contigo siempre. Lo anterior me lleva a pensar diversas teorías o posibilidades que con frecuencia terminan en el lugar común que ya conocemos: perderte, no tenerte más.

Y entonces cuando menos piense, te veré diciéndome: “¿ves? Te dije que sí eras el amor de mi vida y aquí estamos”. 

relaciones-de-pareja.jpgAhora que estamos en medio de confesiones, confieso que me gusta y me tranquiliza pensar que en algunos momentos tú también sientes miedo de perderme,  y por eso a tu modo, tiempo y forma, igualmente haces cosas. Son pequeñas o grandes acciones que me permiten ver lo mucho que quieres conservarme a tu lado, y créeme que funcionan.

Cada día lo logras, por eso hago lo mismo contigo de vuelta.  Y no es que sea fácil o un necesitado de cariño y demostraciones de afecto. En realidad la vida me ha enseñado que en este tipo de cuestiones, debe ser todo o nada, entregar tanto como se espera recibir pero nunca exigir o pedirlo a la fuerza, y eso hago contigo: me entrego enteramente, sin pensarlo y sin reservas. No tienes que pedírmelo, te doy todo a manos llenas porque me nace. No hay más razón. 

Creo que ahí radican en parte las raíces del miedo. Habemos algunos que por naturaleza damos todo, no importando si más adelante nos quedamos vacíos o no. La sola idea de pensar que alguien a quien se ama pueda irse y arrancar partes amor-gay.jpgde nosotros para llevárselas y jamás volver, es simplemente aterradora, pero es el riesgo que va pegado cuando se ama de forma tan profunda.

Sin embargo y a pesar de todo lo anterior, una parte de mí, la que suele ser más racional y ecuánime, me susurra que no hay nada de que temer contigo. Que tú lo que menos harás será arrancar pedazos de mi y salir huyendo sin más, porque hay un sinfín de razones que me demuestran lo contrario, y así mi miedo pierde poder y vuelve a esconderse.

Honestamente no sé si algún día este miedo logre disiparse y dejar de existir. Probablemente sí, cuando pasen 40 años, te vea a mi lado, y al hacer un recuento de todo lo que hemos vivido, me digas: “¿ves? Te dije que sí eras el amor de mi vida y aquí estamos”. 

Mientras tanto, creo que hasta cierto punto ese miedo respecto a ti y que a veces me visita, resulta en algo positivo. Es como un incentivo que me motiva a no bajar la guardia, a seguir haciéndolo bien cada día para darte todos los motivos necesarios y que al final, me ayuden a lograr mi meta, que estoy seguro, también es la tuya: quedarte conmigo, quedarme contigo… quedarnos juntos.

Fin.    

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