Pensé que te quería un poco más que a mí.

“El error más grande en el amor, es buscar a alguien que nos quiera como nosotros no sabemos querernos”.

 

De repente un día despiertas y decides hacer un alto. Te detienes un momento a contemplar tu vida y te das cuenta que ahora te has transformado en un enorme rompecabezas conformado por muchas piezas. Algunas todavía son tuyas, otras son las que la vida te ha presentado en el camino para sustituir las que perdiste en tu andar.

Y finalmente hay unas, que simplemente perdiste en el camino y que no pudiste recuperar jamás. No obstante, te sientes completo, más sabio, experimentado y maduro; comprendes que tus experiencias te han hecho ser lo que eres ahora y eres feliz…o eso parece.

Es muy común no darnos cuenta de cuántas carencias tenemos sin cubrir hasta que un “alguien especial”, que había llegado y cubierto sin querer esos huecos y a quien creíamos querer de manera genuina, termina por irse llevándose consigo el relleno emocional que había tapado de forma temporal esos espacios y ahí comienza todo: el inicio de una vida amorosa buscando sustitutos para ese amor que se fue y que nos vació de nuevo y además, un sustituto que pueda darnos ese amor que con tanto ahínco y fervor buscamos, ese amor que creemos, nos va llenar por completo…ese amor que en realidad, no sabemos darnos.

Usualmente y de forma casi automática, son muchos los que afirman amarse hasta el infinito y más allá, pero son todavía más los que sin darse cuenta, siguen buscando en otros ese amor que no han aprendido a darse, pues aunque pueda sonar a cliché gastado, el amor propio es tal vez la clave para poder llegar a amar realmente a alguien y que funcione. 

Cuando comprendes lo anterior, no desde tu ego o la capa superficial del intelecto, sino desde fibras más profundas, haces otro alto en el camino y te cuestionas realmente si vale la pena seguir enrolándose en aventuras amorosas de autoengaño, en donde ninguna se trata de otra cosa que no sea la permanencia voluntaria con alguien que crees querer de verdad, pero que solamente mantienes contigo por la conveniencia que te da el rellenar esos huecos y esos hoyos sin fondo.

Te cuestionas acerca de esos huecos y emociones que no has aprendido a abastecer tú mismo, para que entonces estar con alguien, no sea solamente recibir y recibir, exprimir los recursos del otro para llenar los tuyos, sino para que se convierta en un intercambio de lo mejor de ti por lo mejor de la otra persona, porque entonces ninguno tiene espacios vacíos que esperan ser rellenados con los elementos del otro, porque han aprendido a llenarlos de forma autónoma y permanente.

“Antes de buscar una buena relación con alguien, asegúrate que la relación contigo mismo sea más que buena”

Algunas lecciones duras y poco indulgentes de la vida, me han enseñado que el peor error de muchos es creer y asegurar que podemos convertirnos en la vida y el mundo entero de alguien, y peor aún, creer que alguien puede volverse nuestro centro del universo y pretender que nuestra vida gire en torno a la suya, como si no hubiera más, como si fuéramos un enorme jarrón que espera ser llenado con el otro en su totalidad, y la mala noticia es que muchas veces lo somos.

Sin embargo, tal vez ser un jarrón vacío que espera ser llenado, es parte del camino que se tiene que cruzar para darse cuenta que en realidad, no se quiere ser un jarrón vacío toda la vida. Que más bien, quieres ser alguien completo, alguien entero de una sola pieza, que pueda compartir su totalidad libre de carencias sin cubrir con alguien que también haya aprendido a llenarse a sí mismo primero.

Siempre he pensado que al crecer y vivir ciertas experiencias, uno se hace más hábil emocionalmente y selectivo a la hora de involucrarse con alguien para saber muy bien a quien darle ese frágil cofre de emociones. Como quien dice, uno se vuelve hasta cierto punto exigente, pero no es una exigencia ególatra de ser esto o aquello.

Es más bien una exigencia que se basa en el autoconocimiento de saber lo que se quiere y no en alguien que comparta nuestra cama, lo que nos gusta y no, así como saber y hacerse consciente de que somos merecedores de algo bueno, muy bueno, con alguien que sea aún mejor y perfecto para nosotros, sin importar si lo es para el resto del mundo.

Ahí, volvemos a hacer un alto en el camino, y entonces vemos que tal vez un poco de “soledad” – aunque nunca estamos verdaderamente solos –  y algunos tropiezos en ciertas etapas de la vida, no fueron del todo malos porque nos ayudaron a aprender cómo llenar esos huecos, y entonces, convertirnos en un rompecabezas pleno y completo, que ya no necesita robar piezas ajenas para parcharse los hoyos, porque aprendió a cambiar el amor roto y rasgado, por un amor completo para compartir con alguien más.

Fin.  

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1 Comment

  • Cada vez me sorprende más la claridad con la escribes y la inteligencia emocional que denotas en tus artículos.
    Mis felicitaciones por tu sabiduría!!
    Quedo esperando con ansias tu próximo posteo 😀
    Saludos de AR.

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