#LaSopaDeAlex es: el deseo de sentirse correspondido.

“El secreto está en dejar de sobrepensar tanto el amor y comenzar a vivirlo. Pero aún más importante, a sentirlo. Dejar que fluyan las cosas es la mejor opción para evitar desilusiones, azotes mentales y demás patrañas que boicotean las relaciones.”

 

¿Hasta dónde hay que dar en una relación para no verse como idiota? ¿Qué tanto es prudente abrirse con alguien que estamos conociendo para no salir lastimado? O ¿Cómo saber si uno será correspondido? Sin duda, preguntas muy recurrentes para la mayoría a la hora de salir con un nuevo prospecto, mismas que causan terror por la incertidumbre que las envuelve.

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Actualmente, muchas personas se han refugiado en la cantaleta de que hay que ser “más cabrón(a) que bonito(a)” y demás frases pubertas que podemos encontrar en cualquier perfil mafufo de Twitter, como esa que dice “cuando alguien se vuelve frío, es porque ya no quiere ser lastimado”, casi casi con violines de fondo. Honestamente, a aparte  de que esas frasecillas pseudointelectuales son pobres, también son una infundada justificación a la incapacidad que a veces las personas, tienen para relacionarse con otros y manejar cuestiones de índole amorosa, en forma madura y centrada.

Y es que todo el mundo quiere lo mismo en una relación: reciprocidad. Quieren recibir lo que dan y en la misma medida, pero muchas veces el problema estriba cuando no se sabe cómo dar y cuánto dar con base en esa reciprocidad tan deseada. Las personas hoy en día vivimos en los extremos porque nos hemos dejado influenciar por todas esas formas de pensar absurdas sobre el amor y las relaciones interpersonales. Creemos que yéndonos al extremo de dar en demasía vamos a recibir mucho, cuando lo único que logramos es azorar y espantar al otro. Del mismo modo ocurre cuando damos a cuentagotas por creer que así vamos a salir menos lastimados, en caso de que así suceda. ¿Ven cómo hemos olvidado el famoso “punto medio”?

El problema con muchos actualmente, es que sobrepiensan en demasía el amor antes de llevarlo a cabo. Y no me refiero a que no debamos ser objetivos a la hora de establecer un tipo de relación, porque la parte racional es bien importante; recuerden que no todo puede ser emocional, porque la emoción es impulsiva, y en estos asuntos todo debe ser una combinación de ambos. Sin embargo y debido a los tiempos en los que vivimos, nos hemos dejado influenciar y llevar por lo que el mundo de afuera nos dice acerca de cómo “deben ser las relaciones”. Sólo miren a su alrededor: todo es veloz, intenso y extremo. Hemos dejado que esa vorágine nos bombardee, haciéndonos creer que ahora todo debe ser así y que las relaciones humanas también deben serlo, perdiendo esa calidez y humanidad que precisamente es intrínseca a ellas.

Por eso a veces el mejor remedio para ir contra la corriente es regresar al origen, recordar cómo se hacía en los viejos tiempos y hacer caso a esos dichos que la abuela o el abuelo tanto nos repetían, porque quiéranlo o no, tenían razón y por algo sobreviven de generación en generación. En otra palabras: dando y dando, pajarito volando.

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“Y entonces entiendes que amar es ser libre y hacer sentir libre al otro. Que nada es por obligación, más bien es por el gusto de haberse encontrado y estar juntos, pues con cada gesto, se ganan su amor cada día un poquito más”

Esto es, dar todo en la justa medida y de forma proporcional a como la otra persona nos vaya respondiendo. Pero no se asusten ni crean que es algo que debe pensarse demás o calcularse fríamente, porque en realidad esto lo sabemos hacer de forma natural. Nuestro cerebro y centro emocional está perfectamente diseñado y capacitado para manejar las relaciones interpersonales casi de forma autónoma, sólo debemos dejar que haga su trabajo porque esto del amor es parte de nosotros. La clave de todo el asunto está en despojarnos de la creencia que asegura que el amor es complicado, que no es para uno, que es mejor estar sólo o sola que mal acompañado y demás patrañas y falacias malévolas que hemos  comprado al mundo exterior.

Muchas personas se acercan a mi ask y  Twitter para plantearme sus situaciones amorosas y en todos el factor común  es el miedo. ¿Miedo de qué? No lo sé, pero lo es. Todos, absolutamente todos, tienen un nivel de miedo respecto a diferentes cosas que tienen que ver con el amor o las relaciones. Algunos temen dar de nuevo o abrirse alguien – ojo, no de piernas – en sus sentimientos por haber sido lastimados en el pasado. Otros temen no ser correspondidos porque no se sienten lo suficientemente merecedores del cariño y amor de quien les gusta; puede ser por inseguridades personales o issues de otra índole, pero al final todo se traduce en miedo. Miedo a querer y ser querido.

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Con lo anterior es posible ver cómo las personas nos predisponemos usualmente para lo peor y nos protegemos sin razón alguna de un “algo” que sólo ha pasado en nuestra cabeza y no en la vida real, privándonos de la oportunidad para vivir algo que tal vez, resulte mucho mejor de lo que se piensa. No obstante, también el factor ilusión es importante y es el otro extremo; mientras que unos no dan, otros dan tanto que se ilusionan demasiado y cuando ven que el otro no puede corresponderles al mismo nivel, viene un choque de realidades en donde no embonan una con la otra, produciendo lo que se conoce como decepción y claro, los corazones rotos.

Pero el chiste no quedarse ahí, en ese estado de victima eterna por culpa de los sinsabores del amor. No. El chiste es dejar de sobre pensar al amor y comenzar a vivirlo y sentirlo de forma natural; no es necesario esforzarse para querer y ser querido. Dejar que fluya siempre es la mejor opción, porque así evitamos ilusionarnos e ilusionar de más y predisponernos a ideas que, movidas por el miedo, nos provocan un autoboicot.

Cuando dejamos que las cosas fluyan, sin presiones ni esfuerzos, evitamos todo lo anterior y hasta se nos hace más fácil entender el rechazo – si es que lo llega a haber –  que también es parte en esto del amor.

En conclusión guapos: ¡paren de sufrir! Paren de andar como dama de la camelias o como muñeca fea llorando por los rincones, porque el amor no es contradictorio ni falaz; el amor es amor y algo que fue creado para hacer sentir bien al mundo, no puede ir en contra de su propia naturaleza para andar lastimando personas, porque la mala noticia, es que somos nosotros mismos quienes nos lastimamos. Así que la próxima vez que el amor toque a su puerta, primero asegúrense de que el miedo no esté estorbando en la entrada y si después de eso, no resulta, antes de culpar al amor o a su suerte, deténganse un momento y analicen si realmente es culpa del amor o es responsabilidad suya, porque sin ser Mhoni vidente, estoy casi seguro que gran parte de esa responsabilidad, será de ustedes y cuando eso ocurra, escucharan mi voz diciendo: predicción cumplida. Fin. 

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3 Comments

  • Señor Alex Toledo, sus escritos son muy interesantes, debo reconocer que lo que está plasmados en ellos es una realidad de sus vivencia, cada vez que leo uno de sus artículos, me identifico con ellos de alguna u otra manera; respecto a este, le comento que me sucedió algo muy similar, donde deje que miedo se apoderara de mí, lo que hizo que esa persona perdiera el interés.

  • Amo leer estas historias que para mi han formado parte de historias inumerables… gracias nuevamente asi lo diga en uno, dos y mas correos…

  • Gracias Alex, por tus publicaciones, tenlo por seguro que mas de uno se siente identificado. De alguna manera es una catarsis, un desahogo para ese vacio interminable que se siente cuando se esta pasando o se paso situacion similar.

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