RELACIONES, TROLEANDO ANDO

La culpa es de Facebook y las palomas azules.

“Y entonces en el séptimo día dijo: no culparás a las redes sociales de los errores que en realidad tú cometiste en ellas y que mandaron tu relación al coño” #Soperos 11:26

 

Seamos honestos, algunos piensan que las relaciones interpersonales, y más comúnmente las amorosas, se han vuelto complejas a partir de que los pulgares metiches y pajaritos de extrema impertinencia comenzaron a inmiscuirse en ellas, y ni me hagan tocar el tema de las palomitas azules buscapleitos, porque entonces saldremos quemados. Lo anterior, ha provocado que inevitablemente, las redes sociales cobren bastante importancia, llegando incluso a formar parte de nuestra vida social y amorosa…bueno, también sexual, ¿para qué nos hacemos, verdad?

Hay una gran cantidad de estudios bastante sólidos por parte de diversas universidades alrededor del mundo afirmando que actualmente, la mayoría de los divorcios son provocados por las redes sociales y el mal uso que se le da a tales herramientas, que dicho sea de paso, son un doble filo que puede ser tan útil como devastador por su facilidad para tergiversar información y dar malos entendidos e interpretaciones erróneas.

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Recientemente he escuchado a muchos conocidos y amigos hablar sobre lo desafortunadas que se han visto sus relaciones amorosas, pues afirman que es “culpa” de las redes sociales y esa costumbre por creer que si no se hacen ciertas cosas como poner el famoso “en una relación con”, la cosa no va en serio o peor aún, que no hay verdadero amor. Y perdón, pero eso sí es lo más ridículo que alguien pueda pensar. Oremos.

Para empezar me gustaría que hiciéramos un ejercicio de retrospección. Viajemos a los mágicos y gaytásticos años 70’s, 80’s y 90’s en donde las únicas redes sociales existentes, eran las reuniones en cafés, fuentes de sodas con rockolas, fiestas y verdaderas citas, ¿ya están todos ahí? No importa que no hayan nacido en esas época, es fácil imaginarlo y si lo hacen bien, podrán darse cuenta que el único medio disponible para mantenerse en comunicación era el teléfono fijo. Las personas, los amigos y los amantes no necesitaban preocuparse por si los dejaban en “visto” o por la última conexión ni mucho menos por anunciar al mundo que estaban “en una relación con fulano o sutano”. Nada de eso. Todo era real.

Ahora regresemos fugazmente al multifacética vida actual y pensemos en lo siguiente: ¿hasta qué punto hemos dejado que las redes sociales afecten nuestras relaciones, por la mala interpretación y permiso que les damos para formar parte casi fundamental de ellas? Complejo ¿cierto? Pero la realidad mis queridos #Soperos y lo que nadie les había contado, es que la culpa es entera y totalmente nuestra. Entiendo que esta verdad les caiga como yunque y sea difícil de asimilar – yo casi lloré por tres días cuando la descubrí – pero tienen que mantenerse firmes y de pie. Así que no hagan “pancho”.

Debido a lo anterior, es que hemos aprendido a basar nuestras relaciones, sin importar de que índole sean, en las redes sociales. Nuestro mundo social lo hemos reducido y compactado a simples “double check” – que ahora te joden la vida con un bonito color azul –likes que creemos son de amor (o infidelidad), estados cursis y tweets que usualmente despiertan celos o hacen que nuestras palabras sean malinterpretadas. Concretamente, muchos creen que si su pareja los etiqueta y anuncia en su perfil de forma pública que andan,  la cosa entones va en serio y se han comprado la idea de su  pareja debe estar pegada 24/7 al chat o al whats para contestar inmediatamente a nuestros mensajes como símbolo de amor e interés, cuando en realidad no es así.

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“La regla es simple: más equilibrio entre el amor virtual y el amor real. Al final los mejores y más importantes emojis son los besos y abrazos que das y recibes de quien te quiere en vivo y a todo color.”

A raíz de varias decepciones y relaciones fallidas en donde desgraciadamente dejé que pesaran más las redes sociales y las palomitas dobles, me di cuenta que el amor nada tiene que ver con si te contestan a la velocidad de la luz – a veces se puede estar ocupado en otras cosas, o la red falla o simplemente no se escuchó la notificación -, te anuncian en su perfil o si te dedican las mitad de sus tweets. En realidad el verdadero amor se pone a prueba en la vida real, en donde se puede tocar y sentir, no es un mensaje de texto o un tweet frío e impersonal.

Creo firmemente que a estas alturas del partido – y de nuestra vida –  la mayoría de nosotros como usuarios experimentados en las redes sociales,  además de ya estar bastante huevudos, no debemos caer en la inmadurez de creer que si en las redes sociales nuestra pareja es “amorosa”, en realidad nos quiere. Debemos aprender a ver que estas redes no son más que un complemento a las relaciones que solamente facilitan la comunicación cuando se está lejos o cuando verse a menudo resulta complicado, pero nada más. Desde luego que esto no significa que dejemos de mandar emojis de besos y corazones o los famosos changuitos que por alguna extraña razón, hacen todo más tierno – incluyendo esas propuestas indecorosas y conversaciones sucias que varios gustamos tener de vez en cuando con el susodicho –  pues de alguna forma, es válido e importante expresar el cariño que sentimos por alguien a través del detalle de un mensaje, pero no debemos pensar que ese es el medio principal para hacerlo y mucho menos creer que si no lo hacen como esperamos, no nos aman de verdad o no amamos de verdad. Además, si bien es cierto que nos tocó vivir en una época donde comunicarse ya no es problema y tenemos muchas formas de hacerlo, por lo que debemos ser consecuentes a ello y usar esas herramientas, también es cierto que hay limites y que hay ciertas normas que pueden evitar conflictos innecesarios. Si mandas un mensaje, espera a que lo respondan sin malviajarte, y si te mandan un mensaje, contéstalo a la brevedad posible, porque aunque no lo crean, esas pequeñas atenciones  con la pareja, suman puntos.

No obstante, y siendo más realistas  – y también menos virtuales – siempre es preferible alguien que tarde un poco en responder mensajes (sólo un poco, pero que no abuse porque hay limites), que no mande tantos emojis ni anuncie en Facebook con todo y etiqueta que tiene una relación contigo – algo que verdaderamente  ayuda a evitar envidias –  pero que en persona, cuando te vea, te haga sentir  su cariño y amor de forma que no necesites ninguna de las otras cosas para confirmarlo porque lo vives en carne propia.

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Recuerden que no está mal un detalle como los mensajes de texto, mantener comunicación frecuente a través del inbox o las charlas a altas horas de la noche con quien nos roba suspiros, pero como dije, eso no es todo el amor, es solamente un complemento a todo lo que con hechos se debe demostrar. Después de todo, los mejores emojis que puede haber son aquellos que se demuestran con besos y abrazos reales cuando quieres y te quieren.

No obstante, si tu relación resulta más amorosa en el mundo virtual que en el real, entonces es claro que en algo hay que empezar a trabajar, porque ya saben lo que dicen: no sólo de mensajes y emojis vive el hombre.

Así que mis guapos y dramáticos #Soperos, ¿por qué no se animan a cortar el cordón umbilical que existe entre sus redes sociales y sus relaciones amorosas para ser menos azotados? Así puede que dejen de pensar que si no ponen la foto de perfil en pareja no los quieren. Desaprendamos a estar viendo con obsesión la última conexión en Whatsapp para malviajarnos pensando que no quiere hablarnos o que nos quiere poco y también a estar ventilando algo tan personal como lo es nuestro amor con alguien para creer que sólo así podemos estar seguros que nos quieren, porque eso mis guapos, es cansado, desgastante y habla de la poca seguridad que podemos llegar a tener en nosotros. En todo caso, mejor aprendamos que ningún emoji mafufo o changuito cagado puede sustituir un beso de aquellos que te enchinan la piel y hacen que se te pare…el corazón. Y si no les gusta ver las chingadas palimitas azulez o pajaritos chismosos, entonces hay algo que siempre será infalible y más directo que todo lo demás: las llamadas telefónicas. De nada.

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