¿Existe el hombre ideal?

“No existen las relaciones perfectas y mucho menos las parejas perfectas. Lo que sí existen, son personas que por voluntad y compromiso, deciden seguir aprendiendo y mejorando a lado del otro, mientras continúan compartiendo la vida juntos.”

 

10423305_876068842424056_3321328153033769042_nDurante siglos la humanidad entera hemos comprado la idea de ese amor “ideal” y de ensueño que el cine y la televisión, entre otros medios, se han encargado de vendernos – sí, porque hemos pagado dinero de nuestro dinero para creer tales mafufadas-, haciéndonos pensar que, en este caso, el hombre ideal es un ser sobrenaturalmente perfecto, con cualidades casi divinas y que además llega sin ningún esfuerzo para caer enamorado mágicamente de nosotros y sin que tengamos la necesidad de poner de nuestra parte. Desde luego un gran error.

Antes que nada, me gustaría que todos ustedes queridos y adorados #Soperos de mi alma, se olviden de todo lo que saben sobre el hombre ideal y las relaciones perfectas. Olvídense de que son la sirenita en busca de su príncipe Erick o peor aún, que son la Cenicienta en la espera del zapato perfecto que ajuste en sus pies para indicarles a su amor verdadero. Por un momento, dejemos en el cajón las falasias de los cuentos de hadas, los diarios de pasiones y esos amores eternos que sobrevivieron al tiempo, a pesar de no haber subido a la tablita por falta de espacio. Olvídenlo.

En varias ocasiones y sopas he hablado del amor sosteniendo que si bien es cierto que es algo que no debe forzarse para que ocurra y que debe dejarse fluir para que llegue con naturalidad a nuestra vida, también es cierto que se debe poner empeño en mantenerlo vivo y alimentarlo con detalles, hechos y acciones. Lo mismo pasa con las personas. La realidad es que el hombre ideal no llega de la nada ni aparece por generación espontánea en medio de nuestro camino rumbo al trabajo o mientras esperamos el metro – bueno, puede se…no, eso sólo pasa en las películas –  porque para empezar, no existe el hombre ideal puesto que nadie es perfecto.

A lo largo de mi vida y tras conocer las historias de muchas personas que me han dejado ver pedazos de sus vidas, he podido confirmar que cualquiera podría ser nuestra persona ideal para formar lo que ilusioriamente y para efectos prácticos llamaremos: “relación perfecta”. Sin embargo, lo anterior evidentemente es imposible porque no tenemos química con todo el mundo y tampoco todo el mundo puede correspondernos y comprometerse con nosotros de forma recíproca. Eso ocurre sólo con unos cuantos, y algunas veces, hay quien lo hace mejor que otros, entonces es cuando decimos que alguien es el ideal, aunque en realidad no lo es per se o por gracias divina. No. Lo que ocurre es que la forma de relacionarse y corresponder a nuestras intenciones, hace un match perfecto con la nuestra, como si fuera un engrane que embona amónicamente con el resto de una maquinaria y coincide.

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Las personas en general consideramos como ideal las características o cualidades que inventamos y atribuimos a alguien que nos hace suspirar, producto del enamoramiento, pero si quitáramos esas cualidades – muchas veces exageradas e inventadas –  de la persona en cuestión, veríamos que realmente no es tan ideal como habíamos imaginado, porque justamente, estábamos idealizando.

“Dejemos de querer vivir en cuentos de príncipes y princesas, dejemos de esperar al Erick o al Flynn que llegue a rescatarnos de la torre de nuestra soledad, para entonces, comenzar a dejar de ser una ilusión y convertir en realidad, algo con alguien que también es real, maravillosamente imperfecto y que sin duda, existe.”

Yo considero personalmente que alguien puede llamarse ideal  – ojo, no perfecto –  cuando se acepta al otro con todo lo que ello implica sin tratar de cambiarlo a la fuerza, y más bien, haciendo un trabajo voluntario de cambio en equipo para mejorar. Lo ideal puede considerarse lo más cercano a algo perfecto, pero que sigue teniendo muchas imperfecciones, mismas que dan sabor a la relación, porque el verdadero trabajo es aprender a lidiar con ellas y tratar de corregirlas.

En resumidas cuentas, no hay relaciones perfectas ni personas perfectas, sólo existen personas que por voluntad, están dispuestas a asumir un compromiso mutuo y recíproco para compartir una vida juntos al tiempo que mejoran y crecen, para de ese modo, enriquecerse la misma. Al ocurrir lo anterior de forma natural y sin forzar las cosas, podríamos entonces hablar de alguien “ideal”, que como ya dijimos, sigue teniendo muchas imperfecciones que se han aprendido a superar y que no afectan la relación ni mucho menos lo que uno siente por el otro.  Entonces ocurre. Un día despertamos y nos hacemos concientes de que en realidad ese hombre “ideal” no es aquel que promete bajarte la luna y las estrellas, sino aquel que más bien está contigo en tus momentos más osbcuros y que parece iluminarlos con un abrazo.  Alguien “ideal” no es con quien tienes buena química sexual, es alguien que más allá de eso, te hace saber y sentir cada día que no va a engañarte física o emocionalmente porque no tiene motivos ni necesidad. El hombre “ideal” es ese que a pesar de las discusiones, fricciones o malos ratos, seguirá cuidando de tu corazón hoy, mañana y todo el tiempo que les quede juntos. Finalmente, es alguien que aún sabiendo que tú no eres perfecto y que no lo serás jamás, te trata como si lo fueras. GFDGFF

Tengamos en mente que nadie es ideal hasta que se establece un vínculo afectivo recíproco y en igualdad de condiciones para construir una relación y compartir el día a día. Dejemos de creernos esa historia sobre el prototipo de hombre idealizado y las relaciones perfectas, porque  las relaciones perfectas en realidad no lo son, ya que solamente son perfectibles y ese precisamente es el reto, lo rico y lo interesante de estar con alguien que día a día nos ayude y ayudemos a mejorar, que nos acompañe y que a pesar de las diferencias, sepa llegar a acuerdos y decir lo que siente para encontrar soluciones en equipo.

Desaprendamos a pensar que lo ideal existe ahí en algún lugar esperando a encontrarse con nosotros, como si fuera un producto empaquetado que fuéramos a adquirir en alguna tienda de abarrotes.  Y en el caso de las personas, tengamos en mente que nadie será “ideal” de primera instancia, pero sí puede volverse algo muy cercano a ello con el trato y la reciprocidad que muestre para compartir todo lo que una relación conlleva sin tirar la toalla al primer fallo. Pero sobre todo, dejemos de querer vivir en cuentos de príncipes y princesas, dejemos de ser la Bella Durmiente que espera ser despertada al primer beso o la Rapunzel aguardando al Flynn que llegue a rescatarnos de la torre de nuestra soledad, para entonces, comenzar a dejar de ser una ilusión y convertir en realidad algo con alguien que también es real y que sin duda, existe. Fin. 

 

Ilustración: Waflé 

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