El mito de la pareja perfecta

“Y entonces me di cuenta que amar no es desaparecer ni eclipsar al otro. Es más bien compartir un espacio mutuo en donde ambos pueden ser felices y sentirse cómoda juntos, sin necesidad de olvidar su individualidad, porque si en la individualidad se es feliz, en pareja mucho más”.

No lo voy a negar. La relaciones de pareja tal vez sean una de las cosas más complicadas sobre la faz de la tierra, y más a la hora de mantenerlas a flote y hacer que duren a pesar de los baches.

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Pero no me mal interpreten, tampoco quiero que este texto se entienda como una contradicción a otras cosas que he escrito antes. Es solamente que con frecuencia he hablado sobre el lado bueno y las cosas que hacen posible tener una relación feliz y casi “perfecta”, pero nunca me había atrevido a hablar del otro lado y hoy quise hacerlo. Hablar de esa faceta que no siempre suele ser color de rosa y que implica mucho esfuerzo y compromiso de ambas partes. Ahora lo veo así porque sé que es real y forma parte de cada uno de mis días.

Y no es que esté dando a ese esfuerzo y compromiso un cariz negativo o de sacrificio, porque de hecho es todo lo contrario. Son la base para cualquier relación que realmente quiere llegar lejos. Sin embargo, seamos honestos, son muy pocos quienes realmente se toman en serio el poner de su parte para que funcione, sin tirar todo por la borda a la primera de cambio, lo cual suele ser el camino fácil para muchos, pues son contadas las parejas que aún conocen el significado de la palabra esfuerzo, sobre todo cuando se aplica en términos de una relación que realmente vale la pena, o mejor dicho, toda la alegría del mundo.

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Sin embargo, lo curioso es que la palabra esfuerzo deja tener un matiz y contexto de trabajo duro cuando realmente se ama a una persona con la que se está plenamente seguro de querer estar. Entonces el esfuerzo ya no se tiene que forzar porque sale natural y fluido, haciendo que el engrane que le toca a cada parte, comience a funcionar armónicamente hasta unirse en una maquinaria que opera de forma natural y sin problemas. Es como aceitar esos engranes para que embonen perfecto cuando se toquen uno al otro. Así es el esfuerzo que no pesa en una relación. 

“Nunca digas que amas alguien realmente si no has conocido su lado obscuro, sus manías, sus temores, su ira y sus contradicciones. Cualquiera puede amar una puesta de sol y la alegría, pero muy pocos, solamente los humildes de espíritu, son capaces de amar inclusive el caos y la locura”.

Las personas nos hemos comprado la idea de tener relaciones de pareja perfectas como en las películas, haciendo labores titánicas por evitar cualquier error y conflicto que pueda generar un poco de caos y desorden, pero no hay nada más peligroso para una relación que pretender lograr eso y cumplirlo al cien de forma aprensiva y controladora.

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En un lapso muy corto de tiempo y gracias a alguien – que puedo decir, es sumamente paciente conmigo – aprendí que las parejas “perfectas” son aquellas que no pretenden serlo. Aquellas que se dan el permiso de darle entrada a un poco de caos y desorden de vez en cuando para limar diferencias y conocer otras, para poner puntos de vista diferentes sobre la mesa y simplemente, para tener la confianza de no estar de acuerdo en algo y poder molestarse con el otro, sin temor a que el uno de los dos salga huyendo y mande todo a volar así sin más razón.

Las parejas “perfectas” son esas en donde ambos se dan permiso de dejar algunos asuntos o discrepancias sin resolver y dejan que el tiempo y espacio arreglen las cosas para dejarlo pasar y seguir caminando juntos.

Siempre he pensado que perder el equilibrio e incluso tener un poco de caos en nuestra vida por amor, es parte de una vida equilibrada, siempre y cuando sea con la persona correcta para desequilibrarnos y no se caiga en patrones enfermizos.

Al soltar esa necesidad aprensiva de controlar todo en nuestra relación de pareja para cuidar que no haya conflicto alguno o evitar molestias en el otro, nos liberamos y de forma fácil y fluida, con el menor esfuerzo, ocurre que los conflictos y peleas comienzan a desaparecer porque ninguno de los dos vive con el miedo y alerta constante por si llegara a pasar en algún momento, simplemente están abiertos y dispuestos a que si pasa, pasará, y cuando pase se resolverá en algo que haga sentir cómodos a ambos para darle carpetazo y seguir. 

Así que si me preguntan sobre la existencia de la pareja perfecta, diría que sí existe, y efectivamente es aquella que dista mucho de serlo pero que es con la persona correcta porque a pesar de todo, siempre habrá entrega y compromiso con el otro para quedarse juntos. Fin.

 

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