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Di que vienes conmigo.

“No puedo prometerte que jamás volveré a equivocarme. Lo que sí puedo prometerte, es jamás volverme a equivocar con el mismo error y evitar cometer todo lo que pueda lastimarte”. 

Perdóname que llegue así, tan de repente, agitado y sin avisar. Pero tenía que contarte que la vergüenza últimamente no me deja estar. Me persigue día y noche, se esconde en los rincones y me espía por los balcones. Así que hoy quise venir hasta ti para dejar de huir, para poder comprender y empezar a construir. Quiero enfrentar esa vergüenza y llamarle por su nombre para que deje de molestar y ya no pueda dañar.

Yo sé que he sido muy maleducado y tú no has hecho nada más que darme un amor tan delicado, fino y entregado, que estando ahí, en el Hotel de la calle del Perdón, pude entender que el veneno de mi error estuvo a punto de dañar todo eso que juré jamás iba romper. Y por un instante, casi lo rompí. Entonces me vi ahí, en medio del caos y la tormenta que yo mismo provoqué y que por momentos, me aterró no saber cómo disolver. Pero aquí estoy, aquí sigo. Sin esconderme, sin excusarme, sin replicarte y convencido que puedo ayudar a sanar todo aquello que yo mismo lastimé por ser más tonto que sabio.

Nunca he sido bueno pidiendo perdón, pero no puedo seguir viviendo sin decirte que, aunque no lo he pronunciado a menudo, me doy cuenta que tu amor, a diferencia del resto, no tiene comparación. Es un amor suave y bien bordado que me calienta en las noches más frías y hace que nada duela y nada grite. Un amor así, que aleja todo telón y abismo, no pasa dos veces en la vida, de hecho, no pasa siempre, pero a mí me pasaste y a pesar de no poderte dar muchas certezas y haber roto ciertas promesas, lo que sí te puedo asegurar, es que eres todo eso que quiero que me siga pasando por el resto de todos los días que tú me quieras regalar.

Perdóname por todo eso que he callado y que no sabido decirte, pero que siempre pienso y llevo conmigo, porque ante mis ojos no pasas desapercibido. Yo te veo aunque no te tenga enfrente y siento tu calor aunque no estés a mi lado, pero sé reconocer muy bien lo que es, porque así es como a veces te llevo la mano. Me baña de luz y me calienta el corazón. Perdón por no decirte suficientes veces lo mucho que te amo y lo fundamental que eres en mi vida después de todo lo que hemos pasado y todo lo que hemos construido, porque es nuestro y solo lleva nuestros nombres.

Podría decirte fácilmente que jamás me volveré a equivocar, pero eso es algo que dudo mucho, pueda yo asegurar. Lo que ves es lo que soy. Has conocido mis lados más brillantes, esos donde todo es calma y a donde te he invitado pasar para que lo hagas a tu gusto y lo sientas como tu hogar. No obstante, también has conocido mis abismos más obscuros y profundos, esos que muchas veces no comprendo y no logro conquistar, dejando que dañen todo a su paso. Pues bien, es de esos abismos de los que hoy, mañana y siempre, te quiero proteger. Para nunca volverte a dañar, para nunca más hacerte llorar.

“Hay historias de amor en donde no hay lugar para los puntos finales”

Sin embargo, y aunque no puedo prometerte muchas cosas, si te puedo prometer jamás tropezarme de nuevo con las mismas piedras, para no lastimarte y para poder resguardarte. Te puedo prometer hacer todo lo que esté a mi alcance para protegerte hasta de mí mismo y que puedas sentirte seguro; para que estés en calma y puedas sentirte como en casa. Lo único que quiero es que el amor que pueda darte, también sirva para cobijarte. Que pueda ser un amor tan refinado que te sientas halagado. Un amor que se asemeje lo más posible a todo eso que tu amor ha sido durante todo este tiempo que has pasado a mi lado y que me hace sentir tan acompañado.

Así que ven, vamos a volar otra vez. Di que vienes conmigo, que este viaje contigo quiero hacer. Déjame curar tus alas sin abrir nuevas heridas, llevarte a donde el viento encuentra el mar y ayudarte a que puedas volver a confiar. Vayamos más lejos cada vez, sin soltarte, sin soltarme y sin soltarnos. Vayamos juntos como siempre, pero más fuertes que nunca, cuidándote, cuidándome y cuidándonos.

Déjame mostrarte que no te equivocaste conmigo, porque las historias de amor como la nuestra no terminan de repente, no se mueren y se apagan. Las historias de amor como la nuestra se siguen escribiendo; tienen comas, puntos suspensivos, pero jamás un punto final. Quiero demostrarte que soy alguien con quien vale toda la alegría del mundo estar y entonces, solo entonces, al final de nuestros días, poder mirarte y decirte suavecito al oído: “¿ves? Te dije que sí éramos el amor de nuestras vidas”.

FIN.

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