RELACIONES

Después de cierta edad

“Llega un punto en la vida donde te das cuenta que la única persona a la que debes soportar, es a ti mismo”.

 

Y entonces te das cuenta que gran parte de tu vida se ha ido en aguantar y soportar situaciones que no te gustaban y personas que no te agradaban. Te percatas que durante mucho tiempo buscaste a las personas incorrectas y peor aún, a quien jamás te buscó. Le rogaste demasiado a alguien que al final no o valía y le diste todo a quien al final te dejó y lo regaló a alguien más.

Afortunadamente cumplimos años y resulta casi obligado darnos cuenta que llega un punto donde ya no estamos dispuestos a seguir repitiendo la misma historia una y otra vez. La edad nos va dando esa sabiduría y ese derecho de poder elegir nuestras batallas y mejor aún, a las personas que nos rodean y las situaciones que queremos y las que ya no.

Al entender eso, resulta sumamente fácil y cómodo comenzar a hacer muchas cosas que antes nos daba miedo hacer. Damos pasos que de otra forma no hubiéramos dado y eso de dar vuelta a la página ya no nos causa conflicto. Comenzamos a dejar de jugar el juego de otros, para comenzar a jugar el nuestro y redefinirlo con nuestras propias reglas, las que nos gustan y nos dan bienestar.

Así, poco a poco nos damos el derecho de soltar y de abrirle la puerta a todo y todos los que se tengan que ir. Sin pensarlo y con toda seguridad, dejamos de regalarle tiempo a quien no nos da del suyo. Nos deshacemos de situaciones desgastantes y empezamos a caer en cuenta que está bien, que no es egoísmo, es amor propio.

“Hay que aprender a tomar las riendas y saber que mandar a la mierda de vez en cuando es bueno para la salud”

Después de todo y gracias a las experiencias pasadas, nos ganamos el derecho de poder elegir lo que sí y lo que no tiene cabida en nuestra vida. Nos volvemos más autónomos y dejamos a un lado esa fea costumbre por estar consultando nuestras decisiones con los demás porque ahora son enteramente nuestras y nos gustan. Las tomamos para nosotros y no para encajar o agradar a otros.

Llegar a cierta edad trae muchas ventajas que nos ayudan a limpiar y reordenar los cajones; liberamos espacio sacando lo viejo para que pueda entrar lo nuevo. Si alguien nos dice adiós, le abrimos la puerta y lo despedimos. Si alguien quiere entrar y quedarse, lo invitamos a pasar. Y si somos nosotros los que tenemos que se tienen que marchar, agarramos nuestras maletas y nos vamos.

Caemos en cuenta que ya no estamos en edad de estar presentes para quien siempre está ausente. Tampoco estamos para andar mendigando amor, amistad, atención y cariño de quien claramente no quiere dárnoslo. Y entendemos por fin que no necesitamos estar con quien solo nos tolera y no nos acepta, sin importar que sean familia, amigos o amores.

Puede parecer duro y tajante, pero así es. Crecer y madurar implica saber dejar en el camino muchas cosas y muchas personas, porque no se trata de cantidad sino de calidad. Pero está bien, así solo está quien tiene que estar. Aprendemos a ser selectivos y a hacerle espacio solo a quien lo merece, pero más importante aún, aprendemos a no perder nunca más nuestro espacio por regalarlo a alguien más.

Que suerte llegar a cierta edad.

Fin.

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4 thoughts

  • Aiñ, que lindo que tu página pregunte para recibir notificaciones muy a tu estilo. Buen artículo como siempre Alejillo, me pregunto dónde saldrá tanto para escribir como un adulto sabio inmutable al tiempo.
    Últimamente has escrito de manera reiterada sobre la mendicidad del amor, ¿hay algo que te ocupa?
    Besos a los conejitos.

  • Muy Ciertamente. A mi me pasó algo así. Di todo por alguien hice cosas que que con nadie más había hecho y que resivi al final. Su indiferencia y Un aparatoso accidente que casi me costaba la vida.
    Pero bueno gracias a dios tengo otra oportunidad de vida. Voy a hacer todo lo que me gusta y apaciona.
    Y gracias Alex por tus buenas reflexiones que palabras tan sabias y verdaderas.

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