Cuando quise hacerte el amor

“Un día va a llegar alguien que te haga querer quedarte para besarle mucho más allá del cuerpo, alguien que te haga querer fundirte en su alma y que te revele misterios que no conocías. Un día…”.

 

De repente llega un momento en donde haces el recuento de los daños. Te haces consiente de cuántas pieles has besado y con cuántos amores de una sola noche has compartido la cama. Pueden parecer muchos o parecer pocos, pero todos tienen algo en común: ninguno se quedó lo suficiente como para despertar en ti las ganas de querer hacerle el amor.

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Después de hacer ese pequeño alto en el camino decides continuar, pero algo en ti ha cambiado, algo que te invita a hacer las cosas de forma diferente para no repetir historias del pasado. Así, continúas avanzando y de pronto la generosidad de la vida que ha visto tus cambios, decide ponerte a alguien en el camino. Ese alguien marca un antes y un después, porque no se compara con nadie que hayas conocido en el pasado y de hecho, te hace sentir cosas que jamás hubieras imaginado experimentar.

Entonces empiezas a cambiar la idea del sexo fácil y vacío, por la idea de hacer el amor a alguien que también quiera hacerlo contigo. Entiendes que hacer el amor es un acto que va mucho más allá de la piel y de los sentidos, algo que trasciende la barreras de lo tangible y que solamente puede ser entendido por el corazón.

De esa forma, finalmente te encuentras con alguien que sabes que es diferente y que te da motivos para besarle mucho más que la piel. Y de pronto, ¡plop! Te sinceras y determinas en ese justo instante que no quieres sexo con esa persona, quieres hacer el amor, porque lo necesitas y porque algo dentro de ti se muere por saber lo que se siente vivir esa experiencia.

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Al cabo de un tiempo y después de montarte en ese tren que te lleva por el camino de “hacer las cosas bien”, comienzas a entender que hacer el amor implica algo más profundo que quitarle la ropa a alguien y desnudarle la piel. Es más bien darle la certeza al otro de que es y será el único al que quieres hacer sentir seguro. Es hacer todo lo posible por aprender cómo es y conocer desde cosas tan pequeñas como su canción favorita o la forma en la que le gusta el café, hasta cosas más grandes y complejas como sus miedos, sus deseos y proyectos.

“…es el amor quien disipa los telones y abismos para que los únicos silencios que existan, sean esos donde no hace falta más que una mirada y un beso para decirse todo”

Hacer el amor es un asunto que rebasa los límites de una cama. Es un acto de dimensiones tales, que es imposible contenerlo y mantenerlo bajo un par de sábanas. Es más bien, poner de tu parte y saber que el otro pone de su parte para hacer que funcione, porque ambos entienden que hacerlo, significa darse motivos para permanecer juntos.

Así es como entiendes que hacer el amor no es algo meramente físico o carnal, porque es llevar a cabo esas pequeñas cosas que el otro espera que hagas, sin necesidad de que tenga qué pedirlas, pues las haces por voluntad y por el gusto de sorprenderle.

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Hacer el amor es, efectivamente, poner de tu parte porque al fin comprendes lo afortunado que eres al encontrar a tu equipo en alguien más, alguien a quien amas profundamente y a quien quieres darle la seguridad de estar ahí hoy, mañana y siempre, alguien a quien no piensas dejar solo a la deriva cargando el peso de un barco que es para dos, pues ambos deben mantenerlo a flote.

De esa forma y cuando llegas a la comprensión de todo lo anterior, es que el sexo se vuelve únicamente el medio, un canal para expresar todo eso que hiciste con esa persona previamente mientras le hacías el amor, y finalmente ocurre lo que pocos viven: después de hacer el amor, no eres tú ni el otro quienes realmente lo llevan a cabo, ahora y con todo lo aprendido, es el amor quien los hace a los dos, es él quien disipa los telones y abismos para que los únicos silencios que existan, sean esos donde no hace falta nada más que una mirada y un beso para decirse todo. Fin.

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