RELACIONES

Cuando me cansé de estar roto y descosido

“Un día quise dejar de andar por la vida como si hubiera perdido una parte de mí en algún lado. Quise dejar de dar pedazos de mí para entregarme de forma completa…a alguien igual de completo”

A mí nadie me dijo que llegaría un punto de mi vida en donde sentiría como si hubiera piezas que me faltaran. De hecho, nadie me dijo nada de la vida, ni siquiera mis padres. Ellos cumplieron con su deber de amarme, cuidarme, educarme y procurarme siempre lo mejor para que yo fuera un niño feliz y por consiguiente un adulto (casi) feliz. No podían advertirme de muchas cosas que ni ellos sabían porque nadie les dijo cómo tampoco. 

Es mismo le pasa a mucha gente. De repente a cierta altura del partido, comienza esa extraña sensación que te queda como cuando das demasiado a otros sin recibir nada a cambio, y si no se es lo suficientemente inteligente, se termina por conformarse con eso: sobras emocionales.

Yo por ejemplo, no me hice experto en relaciones de la noche a la mañana, de hecho actualmente considero que sigo sin serlo, porque sigo aprendiendo y también sigo metiendo la pata, es por eso que aprendo más. Sin embargo, sí he podido juntar varias lecciones que a lo largo de mi experiencia en las relaciones que he tenido, me han servido para comprender por qué carajos pareciera que nos encanta sufrir cuando de amor se trata.

Desde luego que no estaba preparado para la primera vez que me rompieron el corazón, ¿quién chingados los está? Nadie. Y tampoco estaba preparado para la segunda, la tercera y la cuarta, vamos, no estaba preparado para ninguna. Yo solo iba directo a la boca de lobo, porque aunque el lobo tuviera una cara hermosa y una sonrisa de encanto, seguía siendo lobo. Y yo solo era un (pendejo) corderito que quería meter el corazón a fuerza donde no cabía.

Así avancé mucho tiempo: cagándola e intentándolo, cagándola de nuevo e intentándolo una vez más. Era un loop infinito que repetía sin cesar hasta que un día y gracias a que me dejaron el corazón hecho pedazos de la forma más ruin, me cansé. Dolió un chingo, pero jamás volví a ser el mismo.

De hecho esa experiencia cambió mi forma de escribir en este blog. Comencé a escribir sobre un amor más maduro, real y con claroscuros en lugar de ese amor idílico y de ensueño que muchas veces plasmaba en letras porque era la única forma en la que yo quería creer que era el amor, y pues jajaja.

A partir de ese tocar fondo, decidí que no podía seguir involucrándome en relaciones nocivas y menos cuando yo ni siquiera estaba sanado y repuesto para volverlo intentar. Porque yo era como un zombie entregando restos, pedazos incompletos de mí a alguien que se quería tan poco que se conformaba con eso y que también veía una oportunidad en mi vulnerabilidad para romperme aún más con tal de repararse.

“La próxima vez que tengas un relación debes de sentirte lleno y pleno, no vacío y desdichado. No te estás drogando, estás amando”.

Me convertí en un roto que buscaba rotos, siempre. Un roto que cuando ya comenzaba a repararse, se topaba con alguien roto que me volvía a romper y destrozaba todo el orden que con tanto trabajo había logrado empezar en mi interior. Y no hay cosa peor que conformarse con retazos de cariño y migajas afectivas. Eso ustedes lo han aprendido bien en este blog y si no, vuelvan a leer los textos viejos.

Al final y después de tantas experiencias y todo ese tiempo invertido en relaciones que no iban muy lejos, aprendí que debía hacer un alto en el camino y repararme. Reconstruir mis partes rotas y darme todo el tiempo necesario para que sanaran las heridas antes de volver a las andadas del amor.

Comprendí que ya no quería ser una media naranja y quise ser una naranja entera que encontrara a otra naranja entera para rodar junto con ella. En otras palabras, me armé de valor, agarré mi dignidad y escogí dejar de ser un roto que buscara descosidos y deshilachados, para mejor buscar gente completa que me sumara en lugar de dejarme vacío.

A partir de todo ese aprendizaje es que surgió mi nuevo libro “Se curan rotos, descosidos y deshilachados”. Un libro que sin ser un manual, sino más bien un compendio de historias y anécdotas, propias y ajenas, pretende ser un consuelo, apoyo y un empujón reconfortante para todos aquellos que se sienten perdidos y ya no saben quienes son.

Es un libro con todo lo que a mí me hubiera gustado leer y saber antes de partirme la madre con gente que no tuvo reparo en disparar cuando más vulnerable estuve y porque así yo lo permití.

Es, como madre dice, “una caricia al corazón y al espíritu” para recomponer hasta el corazón más roto o el más frío y entender que, después de un mal amor, de esos amores funestos y violentos, hay todavía amor, incluso más y mejor amor.

Yo estuve roto y descosido, pero aprendí a remendar las heridas para encontrar el amor que creo merecer y que de hecho, es el amor que yo creo que todo mundo merece: un amor fuerte, entero e indestructible.

Así que si necesitan unas cuantas puntadas para coser sus heridas y que no se vean las costuras, este libro que con tanto amor he hecho para ustedes, va a ser su mejor sastre y al final verán que sí, que enamorarse otra vez ya no da miedo. Enamorarse otra vez está chingón.

Los invito a curarse las emociones y encontrarse a ustedes mismos otra vez.  Fin. 

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One thought

  • Te leí, te leo y te leeré siempre y algún día te conoceré físicamente aunque te conozco ya por plasmar tus palabras en una web. No puedo creer que todo aqui es mi vida mi sentir y mi pesar en el amor, como si supieras por lo que este pasando. He aprendido a saber escoger la emoción correcta y a saber con quien entregarme y no engancharme si no es mutuo. En fin te deseo lo mejor alex espero tu libro con muchas ansias. From my bed.

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