A él no le gustas tanto (ni a ese ni a aquel)

“Tratar de gustarle a todo el mundo es como tratar de satisfacer siempre la opinión pública para quedar bien con todos. Es Imposible y desgastante, evítenlo.”

 

Como hombres gays a veces nos preocupa demasiado y damos más importancia de la que en realidad merece a esa necesidad – a veces obsesiva y maníaca – por gustarles a todos los chicos con los que nos topamos y los que lleguemos a toparnos.

Es bien sabido que como homosexuales, muchas veces, se tiene mejor gusto para vestir, más sentido de la estética – más sentido común -, y más atención que un heterosexual por cuidar nuestra apariencia física. Sin embargo, y como dije en alguna sopa, la mayoría de las veces caemos en estereotipos o pretendemos volvernos un estereotipo del hombre gay perfecto para lograr ese cometido y  francamente, es muy desgastante.

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Hace algunos días hablaba con un amigo sobre convertirnos en ese hombre maravilloso que queremos ser, pero sin tomar como base o ejemplo a los estereotipos, pues muchas veces tratamos de hacerlo para encajar con el canon de belleza que la misma comunidad ha sostenido y de lo que se trata en realidad, es que sea un cambio verdaderamente único, auténtico y original que nazca de uno, tanto interno como externo. Entonces, imaginemos que ya hemos trabajo en ello y con ayuda del tiempo, por fin hemos logrado convertirnos en ese hombre que tanto deseábamos a nuestro lado pero que no llegaba; nos convertimos en nuestro propio deseo y de esa manera se hizo real, pero ¿y luego? ¿Por qué no tengo más pegue? ¿Por qué no le gusto al chico de al lado? Si ya me puse en forma, cambié actitudes y soy la cosa más dulce, ¡¡¡¡¿POR QUÉ?!!!!

La respuesta es simple: no puedes gustarle a todo el mundo. Muchos gays hemos llegado a pensar que en el físico de gym se encuentra todo y es la clave perfecta para ligar y atraer miradas, y tal vez pueda serlo, pues de la vista nace la atracción… pero no siempre el amor. De tal manera que al dejar de lado el físico impresionante y atractivo, lo que realmente hace que gustemos a alguien es nuestra forma de ser, la química que se da y la empatía que podamos mostrar por el otro y viceversa; eso incluye interés, procuración y atención.

Después de lo anterior el concepto cambia y entonces, ahora sí podemos diferenciar el gusto de la atracción que es más superficial,  y sin embargo, no dejan de ir de la mano. Por ejemplo: puedes ser atractivo para muchos porque estamos hablando solamente del físico, pero no significa que les gustes. En mi opinión, creo que gustar es más profundo la atracción. Nos llega a gustar una persona cuando hemos tenido ya un trato directo y vemos que ese sujeto en cuestión, se adapta a nuestras necesidades emocionales y que además, responde a ellas y hay un intercambio recíproco de atención y afecto que dan lugar a una relación.

 “Como dicen por ahí, si no le gustas, él se lo pierde y tú te lo ahorras. Después de todo, no se puede hacer nada con quien prefiere carbón en vez de diamantes.”

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Entonces, ¿por qué si yo respondo a las necesidades emocionales del sujeto que me gusta – pues he visto ya que tiene todo lo que emocional y afectivamente necesito – yo parezco no gustarle mucho a él? Precisamente porque esa persona tal vez no encuentra en uno esas cualidades y aspectos, que se acoplen a sus necesidades emocionales para que lleguemos a gustarle. Hemos aprendido a confundir la atracción con el “me gustas” y creemos que es lo mismo. Usamos el “me gusta” para referirnos a que físicamente nos atrae mucho un sujeto, pero en realidad no es que nos guste por otras razones.

Como ven mi queridos guapos, cuando gustamos o nos gusta alguien, es porque en un principio el arma de la atracción  – física –  funcionó, pero aún así, gustar es más que sólo atraer, es una combinación de varios factores psicológicos y emocionales que son correspondidos. Dicho de otro modo, no todos los que te atraen te gustan,  pero alguien que te gusta, evidentemente te atrajo desde un inicio.

De cualquier forma y como he aprendido a lo largo de mi andar por este sendero homosexual, la persona indicada llega en el momento y lugar correcto; como si el universo hubiera conspirado para hacernos coincidir con ese chico que estaba destinado sólo para nosotros. Es así como dejamos de sufrir y angustiarnos por pensar que tal vez somos feos o somos esto o aquello y es por eso que no ligamos como quisiéramos y a quien quisiéramos.

En conclusión mis queridos #Soperos, sugiero que dejemos esas viejas prácticas erradas y tradicionalistas de andar haciendo lo imposible para gustarle a todo el mundo bajo el pretexto del “es que uno nunca sabe”, porque eso genera presión y no permite vivir de forma plena, convirtiéndose en una carga que llevamos a cuestas. Recuerden siempre esto: quien quiera estar con ustedes, va a estar sin esfuerzo y de manera natural, aceptándolos tal cual son – eso incluye defectos, mañas, fetiches y virtudes – y ustedes a su vez harán lo mismo casi de manera automática. Pero, si no ocurre así, ¡joder! Hombres hay muchos y lo que unos no quieran, es porque seguramente ya habrá alguien dispuesto a todo, y que sí sabrá apreciar eso que tienen para ofrecer; sólo confíen. Fin.

 

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