#LaSopaDeAlex es: ¿tu novio te gusta a ti o a los demás?

“Me dan mucha risa los chicos que traen novio por necesidad de agradar y quedar bien con los demás, como si su elección necesitara de la aprobación de otros y su ego ser alimentado. Bullshit.”

 

Si tu respuesta a la pregunta del título fue “a los demás”, entonces te sugiero que te pongas cómodo y te tomes unos minutos para saber que entonces algo estás haciendo mal con tus relaciones. Por el contrario, si tu respuesta fue “ a mí”, de todas formas quédate a cucharear esta sopa porque vas a confirmar lo que estás haciendo bien.

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Actualmente tener novio más que un complemento para hacer equilibrada la vida emocional de muchos, se ha convertido en un lujo y una necesidad que está ávida de ser cubierta sin importar cómo. En los últimos años hemos visto cómo la apertura que ha habido respecto a la diversidad sexual, ha hecho que los mismos homosexuales nos volvamos exigentes elevando nuestro estándares de calidad a la hora de buscar a alguien con quien compartir.

Lo anterior nos ha llevado a elegir novio no con base a nuestros gustos o sentimientos, sino con base en los gustos de los demás, el qué dirán, el agrado o admiración que otros puedan darnos para levantar nuestro ego, al confirmarnos que siempre traemos a puro galán, aunque muchas veces, ese galán no nos dé lo que buscamos realmente.

Esto puedo asegurarlo ahora, porque me di cuenta que yo mismo había caído en esa vorágine tormentosa de buscar parejas que más que gustarme a mí, le gustaran a los que me rodeaban, desde mi madre hasta mis amigos. Buscaba yo la aprobación de ellos respecto a los galanes que yo escogía para quedar bien y también, para darle eso que tanto le gusta al ego cuando te dicen “tú andas con puro guapo” y te ganas la admiración – o envidia – de otros sólo por traer lindos accesorios decorativos a los que solemos llamar “novios”.

Fue así como sin darme cuenta, empecé a entrar en un circulo vicioso en donde mis relaciones “amorosas” no eran realmente lo que yo buscaba. Me la vivía de relación en relación y de cita en cita, tratando de engañarme a mí mismo con la idea de que en verdad quería algo serio y bien, cuando en realidad, lo único que buscaba era salir de caza para recolectar a mi siguiente tanda de trofeos y llenar ese vacío que mi ego necesitaba saciar, para al final de día, reafirmar que yo era lo suficientemente bueno como para traer a cualquier hombre a mi lado. ¿Triste, verdad?

No obstante, un buen día llegué a mi límite y me harté de tener relaciones que complacieran, primero a mi madrepues con frecuencia buscaba yo a alguien que físicamente le gustara a ella para su aprobación y segundo, que apantallaran y deslumbraran a mis amigos para dejar en claro que yo era afortunado con los galanes. A partir de ese momento, me cuestioné lo que en verdad buscaba yo al salir con alguien: ¿quería realmente una relación con un chico que llenara mis necesidades o que cumpliera las de los demás? ¿Quería a alguien que me complementara emocionalmente o que sólo fuera un lindo accesorio que presumir? Y finalmente, ¿quería a alguien que me quisiera o quería que alguien sólo me hiciera ver bien ante los demás como si se tratara de un lindo atuendo?

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“La próxima vez que quieras tener novio, asegúrate que realmente te gusta a ti. Ni tú ni tu pareja deben cumplir las espectativas de los demás para encajar con la opinión ajena. Al final del día quien se la va a terminar chupando eres tú, no ellos.”

Fue así como después de hacer un serio ejercicio en donde me quité la máscara ante mí mismo y procurando ser sincero conmigo, descubrí que las relaciones amorosas no fueron hechas para satisfacer a los demás ni mucho menos para quedar bien con nadie, pues los único que deben sentirse plenos y satisfechos, son los involucrados de la relación.

Cuando hice eso, comencé a cambiar muchas cosas. Primero, dejé de presentarle chicos a mi madre, no porque tuviera miedo de su aprobación o no, ni porque considerara que ninguno de esos chicos era lo suficientemente bueno o guapo para agradarle, más bien, porque yo comencé a confiar en mis elecciones y a dejar de depender de la aprobación de ella y mis amigos, para saber que había hecho bien en elegir al chico en cuestión. En pocas palabras, ya no necesitaba que nadie me confirmara mis elecciones amorosas – ni mucho menos que las aprobaran – para yo sentirme seguro y confiado de que había elegido a alguien que me gustaba realmente a mí y a nadie más.

Entonces ¿por qué he compartido esta pequeña experiencia de vida con ustedes? Precisamente porque hoy me doy cuenta que varios chicos han cometido y siguen cometiendo el mismo error que yo. De forma inconsciente consiguen parejas que le gusten a los otros más de lo que les gustan a ellos mismos y eso no puede seguir. Piensen esto ¿qué caso tiene andar con alguien a quien más que novio, van a utilizar como trofeo para despertar admiración y asombro en otros? Efectivamente, ninguno.

Con todo esto, el punto al que quiero llevarlos y que entiendan, es que tener novio no debe estar motivado por la presión social para cumplir con las expectativas de los demás ni mucho menos para saciar los huecos del falso ego, que son tan volátiles y fatuos como el ego mismo. En realidad, tener novio debe ser algo que única y exclusivamente debe satisfacernos, complementarnos y llenarnos a nosotros mismos; no necesitamos quedar bien con nadie a la hora de elegir compartir con alguien algo que sólo es de dos, no de toda la familia ni del grupo de amigos.

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Concluyendo mis guapos #Soperosun novio no es un lujo y tampoco una necesidadUn novio es más bien alguien a quien uno decide tener a su lado porque quiere y porque puede, más no porque se necesite y menos para cumplir los estándares  o exigencias de otros, incluyendo a las madres quisquillosas.

La próxima vez que decidan andar con alguien, recuerden que son ustedes quienes lo harán, no sus padres o hermanos, ni sus amigos y mucho menos la vecina, porque ese novio futuro, la única aprobación que debe recibir es la de ustedes y nadie más. Dejemos de lado esa exigencia tan elevada por encontrar a alguien perfecto que encaje con las preferencias de aquellos que nos rodean, porque dicha exigencia ha sido sustentada por la creencia de que nuestra pareja debe satisfacer el gusto de otros – o nuestro ego – para hacernos ver y quedar bien.

Como siempre he pensado, ¿qué importa si al mundo no le agrada tu pareja? Al final del día quien se la va a terminar chupando eres tú, no ellos, y llega un momento en la vida de toda persona en el que las opiniones de los demás dejan de tener un peso importante a la hora de tomar decisiones propias, porque la opinión más importante entonces comienza a ser la de uno, y eso mis guapos, es una ley universal inquebrantable, le guste a quien le guste y le pese a quien le pese. Fin.

 

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