#LaSopaDeAlex es: amor virtual

“Me niego rotundamente a aceptar que las relaciones amorosas se reduzcan a simples e impersonales conversaciones por cualquier tipo de chat. Me niego a aceptar que los besos de verdad sean sustituidos por dibujos animados de celular. Me niego a aceptar que preferimos conformarnos con el amor digital porque nos da miedo sentir el amor en la realidad.”

 

NOTA: Lo descrito en el siguiente texto en ningún momento es condenable y quizás es parte de las nuevas formas de ligue que el mundo actual está adoptando porque todo cambia. Hay incluso quien lo hace por gusto, porque quiere y porque puede, sin embargo, lo condenable es cuando se hace por miedo o como justificación para evitar vivir nuevas experiencias con gente diferente.

Hace algunos días tuve la osadía de ponerme a escarbar entre los escombros de mi memoria, para hacer un recuento de mis relaciones amorosas y la forma en la que cada una se había desarrollado hasta su final. Descubrí, desde luego, que cada historia era diferente una de la otra, y que como es de suponerse, cada una tuvo sus aciertos, errores y enseñanzas.

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Sin embargo, y después de haber pasado algún rato recordando viejos amores, sentí un poco de nostalgia al extrañar aquella forma antigua de conocer a la gente y establecer un vínculo emocional de forma más orgánica, por llamarlo de algún modo. Extrañé esos días en donde no había otra forma de conocer gente más que en persona y el único medio de contacto eran las llamadas telefónicas. No había servidores intermediarios o alguna clase de mensajes impersonales que hicieran la tarea por uno, porque de hecho, conocer a alguien implicaba justamente eso, una labor de esfuerzo y compromiso.

Así fue como repentinamente pasé de analizar mi vida amorosa, a analizar la forma en la que las personas estamos decidiendo tener vida “amorosa”, a partir de la tecnología que nos conecta, específicamente, Internet. No obstante, también pasé de aceptar mis errores en las relaciones anteriores, a aceptar que las redes son la gran desgracia para el amor actualmente.

Si a mí me lo preguntan, podría decir que el amor se ha vuelto complicado a partir de la instauración de las “redes sociales”, que si bien es cierto que estas nuevas tecnologías y medios de comunicación han “acercado” a personas que estaban lejos y conectado a gente desde lugares remotos, también es cierto que han sido el principal mal moderno para echar a perder todo lo que tenga que ver con el amor de pareja.

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Y antes de que empiecen a azotarse y a intensear, quiero decir que no deben malinterpretarme. No estoy en contra de las redes sociales ni las ventajas de comunicación que nos ofrece Internet o cualquier plataforma de mensajería digital. Tampoco estoy haciendo una invitación subliminal a que todos dejemos nuestra vida virtual – porque aceptémoslo, es una vida paralela – o que eliminemos por completo esa identidad digital que tanto trabajo nos ha costado construir desde…¿el 2005, tal vez?

Más bien, lo que expongo con esta reflexión, es la forma en la que las personas hemos cambiado el amor real, ese que se puede tocar, sentir y experimentar, por ese amor frío, virtual y lleno de emojis o mensajes que creemos falsamente sentir como muestras de afecto.

Llevando lo anterior a un contexto más familiar y objetivo, pero no por eso exclusivo, es triste ver cómo cada vez más los homosexuales preferimos enamorarnos por internet a experimentar el amor como lo hacíamos antes de él. Es decir, ¿en qué momento creímos que era mejor un amor virtual a uno real? ¿A que le tenemos tanto miedo? ¿De qué nos estamos protegiendo?

Es cierto que a estas alturas de la vida, muchos hemos sufrido y experimentado lo que es tener un corazón roto. Sabemos perfectamente los matices del amor y hemos probado sus sinsabores, desde lo más dulce hasta lo más amargo. Pero honestamente, esta nueva dinámica que muchos hemos adoptado como forma para llevar una “vida amorosa” a través de la red, no me parece ser más que una manera cobarde –  e ingenua – de protegernos contra el dolor que provoca una decepción amorosa.

“Ese amor virtual no va a venir a rescatarte de la torre de tu soledad y tampoco es sinónimo de seguridad y protección ante el dolor, porque de hecho, la frustración de saber que nunca podrás tenerlo cerca, te va a dejar peor. Ni tú ni él van a dejarlo todo por el otro, así que mejor deja de conformarte con amores de ilusión y sal al mundo.  Aventúrate a vivir un amor real que aunque pueda lastimarte, también pueda darte la oportunidad de sentirte vivo mientras dure”.

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Y ojo, aquí no tienen nada que ver las relaciones a distancia que comenzaron de cerca y en persona, para después apoyarse en las redes y seguir en contacto, alimentando ese fuego entre dos. Aquí se trata de la elección que muchos hemos adoptado, creyendo que un amor o un ligue por internet es menos doloroso que uno en la vida fuera de la red.

En mi experiencia, los amores por internet o mensajitos usualmente terminan en un tragedia más grande que Otelo, porque al final de cuentas se está enamorado de una ilusión, un espejismo que solamente es el reflejo idealizado de lo que la otra persona nos permite ver desde su perfil, pero que en ningún momento llega a ser tan significativo como el trato presencial, aunque creamos lo contrario.

Francamente, que tontos y que intrépidos hemos sido todos aquellos que alguna vez apostamos por el amor virtual basados en el miedo y la renuencia a salir lastimados de nuevo. Pero sobre todo, que ingenuos hemos sido al creer que esas palabras en cada mensaje, iban cargadas de amor puro, que cada emoji de corazón tenía el poder suficiente para sustituir un beso o un abrazo que en otro tiempo, sabíamos lo que era experimentar en carne propia. Que tontos por enamorarnos de un holograma que tarde o temprano iba a desaparecer y que jamás pudimos siquiera tocar.

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Y posiblemente este texto esté cargado de eso que en México llamamos “hablar como nos va en la feria” lo cual no voy a negar, pero también está lleno de lo que he aprendido con esos “tropiezos digitales” y una de las enseñanzas es que no hay emoji, palabras o fotos que puedan siquiera acercarse o sustituir un beso real, un abrazo real e inclusive sexo real. Que no hay videollamadas o notas que voz que puedan compararse con lo que es una conversación cara a cara y ver sonreír al otro mientras se comparte el mismo tiempo y espacio.

Dejemos pues de creer en ligues de Internet y las falsas esperanzas e ilusiones que nos fabrican los amores virtuales, porque solamente son eso. Dejemos de creer que ese príncipe del chat un día vendrá por nosotros o que dejará su vida y su rutina por estar a nuestro lado, porque la realidad es que uno tampoco va a dejarlo todo por estar con ese alguien ficticio de quien solamente conocemos lo que vemos en su muro. Pero lo más importante, dejemos de creer que el amor virtual nos protege del dolor, pues la realidad es que no hay mejor amor que el que se vive en carne propia, el que te estremece con un toque o roce de la piel y el que te hace sonreír con tan sólo mirarte a los ojos, porque aunque a veces duela o nos deje heridos, lo cual es parte de la vida, nos recuerda algo muy importante: que seguimos siendo humanos, y esa humanidad es algo que vale la pena conservar. Fin.

 

 

1 Comment

  • Responder mayo 29, 2015

    Lex

    Comparto tu pensamientos, acerca de como las redes sociales si nos han facilitado muchas cosas pero que lastimosamente como humano hemos encontrado una manera inadecuada de usarlas y esto a venido afectando lo que antes era amor volviendo cada vez más esos cuentos de finales felises tipo Disney a solo eso, cuentos, es una lastima.

    Muy buenas tus palabras.
    Saludos.

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