Hoy no tengo ganas.

“Un día ya no te causan conflicto esos momentos de soledad. De hecho, los invitas a pasar y a que se queden ahí contigo, a un ladito de ti”. 

 

No sé si sea políticamente correcto un manifiesto así, en medio de un mundo que ha sobrevalorado demasiado eso de estar en pareja. Un mundo que inclusive ha hecho de la soledad y la soltería, un verdugo; un monstruo que vive bajo la cama y del cual deberíamos escapar a como dé lugar. 

Tal vez no sé muchas cosas sobre eso y tampoco me interesa mucho descubrirlas. Hoy solamente me he dado el permiso de sincerarme conmigo mismo y aceptar que en efecto, hoy no tengo ganas de una relación, no ahora y no sé hasta cuando. No me interesa y me siento bien así. 

Aceptarlo me libera y aligera mi carga. Es como dejar de arrastrar una pesada obligación que con el tiempo se transformó en un deber por tener que estar con alguien, solamente para encajar en los estándares sociales que dictan las reglas de lo que es mejor para cada quien. Reglas que hablan mucho de lo importantísimo y vital que es el contacto con otros, pero que muy pocas veces hablan de lo todavía más importante que es el contacto con el propio “yo”. 

Actualmente todo el mundo muere por tener una relación, con quien sea, no importa. Sueñan con tener algo de cuentos muy a la “Disney”, porque desde niños nos enseñan a creer en eso: en mentiras que nada tienen que ver con la realidad. Y siguiendo esta ideología absurda e irreal, es mejor estar con alguien a quedarse solo y por eso muchos tienen una relación aunque no sepan no por qué y menos para qué. 

Del mismo modo también están los que a diario se quejan constantemente de su mala suerte amorosa y se lamentan de no tener a alguien. Son personitas que van por la vida lamentándose por ello como si a todos los demás nos importara demasiado saber lo ansiosos y desesperados que están por encontrar a alguien que los quiera como ellos mismos no saben quererse. Francamente, me parecería deprimente ser como algunos de los dos.

Dicho lo anterior, no tengo reparo en gritarle de frente a todas esas reglas absurdas que no me interesa y no quiero tener nada con nadie. No tengo ganas, ni tiempo y mucho menos ánimos de hacer espacio en mi vida y mi rutina para alguien más. La única relación que quiero tener y en la que quiero trabajar, es en esa que tengo conmigo y que por idiota a veces descuido. 

Al inicio pensaba que mi elección era por temor a ser lastimado otra vez y vivir esos momentos amargos que provoca el desamor, pero no. La verdad es que ha pasado tanto tiempo desde la última vez que me rompieron el corazón y hace tanto tiempo que lo sané, que ni siquiera puedo recordar lo que se siente tener un corazón roto y lo mucho que duele. 

Tampoco me da miedo que vuelva a pasar. No, porque he aprendido de los errores pasados y a estas alturas es más fácil que me lastime el dedo pequeño del pie con la base de la cama, a que venga alguien de nuevo a romper y desordenar lo que con tanto trabajo, paciencia y tiempo, he logrado reconstruir y dejar en perfecto estado. 

En realidad es mucho más sencillo que eso y todo se reduce a tres palabras: NO TENGO GANAS. Así de simple. No tengo ganas en estos momentos de mi vida de repetir más veces el nombre de alguien más antes que el mío. 

Tampoco me vuelve loco la idea de adecuar mis planes y mi tiempo a los de alguien más, solamente para seguir eso del “dando y dando” o ceder y ceder. No quiero y no lo haré. 

“Mentira que hay que vivir todo el tiempo con las ganas y puertas abiertas al amor. Es como con los mormones: si no te da la gana abrir la puerta, no la abres y punto”. 

Yo de lo que tengo ganas es de seguir levantándome tarde los sábados sabiendo que no tengo que correr a la ducha inmediatamente después de despertar para arreglarme y salir a ver a alguien con quien repetiré el mismo guión de cada fin de semana.

Tengo ganas de disfrutar el gozo y tranquilidad que provoca no esperar mensajes ni llamadas de nadie, a los cuales hay que responder con frenética ansiedad para evitar el incómodo “visto” y los agonizantes tiempos de espera. 

Yo quiero estar conmigo, con yo mismo y yo. Nada más. Quiero poder entenderme todavía en muchos aspectos antes de siquiera intentar entender a alguien que, probablemente, no se va a esmerar tanto por entenderme de la misma forma en que lo haría yo. 

Quiero vivir mis tormentas y mi caos yo solo. Ahogarme en ellos y después volver a salir triunfante y ser mejor de lo que fui. Quiero terminar de saber y definir qué es lo que quiero y hacia dónde voy, porque a veces aún no lo sé y tengo dudas que me gustaría despejar. 

Eso es lo que quiero, pensar en mí y resolver todas esas cuestiones antes de pensar en resolver las situaciones de alguien más. Y no es egoísmo, yo le llamo amor propio, algo que sería bastante útil que enseñaran en las escuelas en lugar de ecuaciones que jamás vamos a usar. 

Quiero acompañarme durante un buen rato y no sé por cuánto tiempo. Podría ser un mes, dos o tres, inclusive un año o más, no lo sé. Yo solo quiero que sea el tiempo necesario para entonces, tener ganas otra vez de acompañar y caminar a lado de alguien pero esta vez, sin dejar de acompañarme. Cuando eso pase será maravilloso y seguro lo voy a disfrutar. 

Por lo pronto, hoy sostengo que de momento no quiero una relación con alguien más que no sea yo mismo. Me niego a estar con alguien sólo por estar, por costumbre o apego. Hoy quiero ser ese Grinch que usa repelente para el amor y quedarme así por un tiempo, haciéndole el feo a Cupido porque quiero y porque puedo. Eso es bonito y está bien. 

Sé que tal vez no tenga a nadie con quien pasar los cursis y sobrevaluados días de San Valentín y qué bueno, mi cartera lo agradece y yo tambiénAsí que de manera educada, le digo a todas esas normas sociales sobre la soltería y el amor, que pueden irse por tiempo indefinido al carajo o a la mierda, lo que quede más lejos. Por lo menos hasta que aparezca alguien lo suficientemente increíble como para hacerme querer cambiar de opinión porque valdrá mucho la pena y toda la alegría del mundo. 

Ahora no soy el mejor partido ni el candidato ideal para estar con alguien porque no se me antoja serlo, aunque eventualmente, cuando me vuelva a dar la gana, seguro lo seré.

Por ahora lo único que quiero es seguir volando solo, mientras disfruto esto que es mío y de nadie más. Esto que con mucho gusto me hace gritarle al amor en la cara: “no gracias, no estoy interesado y así estoy estúpidamente feliz. Adiós”. 

Fin.

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2 Comments

  • Responder septiembre 11, 2017

    » HOY NO TENGO GANAS

    […] Fuente: Cortesía Alex Toledo […]

  • Responder septiembre 12, 2017

    Marc Arenas Camps

    Has reflejado exactamente como me siento yo mismo en estos momentos: con cero ganas de todo esto del amor sólo porque la sociedad nos quiere hacer creer que es como debemos de estar. De hecho, estoy muchísimo mejor ahora que cuando estaba en una relación. Sólo discrepo en la parte de las ecuaciones… :p ¡Un saludo desde Barcelona, Catalunya!

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