Empezar de cero.

“A veces es necesario alejarse, dejarse caer y mandar todo a la mierda. A veces es necesario para recobrar fuerzas y resurgir”.

Todos tenemos días en los que el mundo parece conspirar contra nosotros, sin dejarnos una salida de escape que nos permita seguir respirando. A veces se amanece con el agua hasta el cuello y pareciera que no hay salvación para evitar morir ahogado; pareciera que somos el único nombre en la lista del Karma.

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Entonces te levantas y comienzas el día. Notas que te sientes diferente y dentro de ti sabes que algo podría salir mal y pasa. Extrañamente y sin saberlo estás malhumorado, irritable y todo te desespera. Luego, te das cuenta en en realidad ese mal día es sólo la gota que derramó el vaso; un vaso lleno de muchas situaciones poco afortunadas que justo ese día, decidieron juntarse para hacerte creer el más desdichado del mundo. Entonces, harto de todo, aseguras con enojo que odias tu vida.

Hace algún tiempo, estando en uno de mis peores días, recordé una frase que hasta hoy todavía atesoro celosamente. La frase afirma lo siguiente: “todo lo malo que me pasa es para mi bien”. Al inicio pensé “¡qué estupidez más grande! ¿Como algo malo podría hacerme bien?” Sin embargo, al pasar del tiempo he comprobado que en efecto así es. A veces las personas nos lamentamos de nuestras desgracias y nos atormentamos en el sufrimiento que nos causan a tal grado de victimizarnos. Culpamos de nuestras “desgracias” a Dios, al Karma, al Universo, al vecino y hasta al perro y pensamos que el mundo se nos ha cerrado. Pero pasado un tiempo, vemos que aquella desgracia no fue del todo mala porque efectivamente, era necesario que ocurriera para dar paso a algo mejor.

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Las personas no podemos vislumbrar los beneficios o la forma en la que ciertas situaciones caóticas de nuestras vidas, mejorarán en un futuro dándonos un gran beneficio y aprendizaje. Inclusive, no podemos controlar cómo o cuando se presentarán esas situaciones caóticas, pero sí podemos controlar la forma en como reaccionamos a ellas para hacerlo menos pesado.

Pienso que es absolutamente necesario “suicidarse” cada cierto tiempo. Huir de uno mismo, perderse, levitar, ayunar, sentir el cuerpo vacío, agitado y adolorido. Es necesario mudar de piel, tocar fondo, tener sexo con desesperación, ya sea con la persona que se ama o con las que presenta la soltería para luego no recordar nada.

A veces ese “suicido” significa estar ausente de todo, para después, aferrarse de nuevo a la vida. Reencontrarse. Vestir con colores pastel, andar a paso ligero y sonreír a los vecinos cuando te saludan en las escaleras.

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Entonces ocurre:

– ¿cómo te encuentras hoy?

– Estúpidamente bien, gracias.

Cuando entiendes lo anterior, te percatas que a veces mandar todo a la mierda y empezar de cero otra vez, no es tan malo como parece. Y es mucho mejor hacerlo así, que seguir estancado en una misma dirección que ya no llevaba a ningún destino nuevo, porque cualquier destino es mejor que ese en donde se muere sin dejar de respirar. Fin. 

 

 

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