Ahora que sé tu nombre.

“Y fue en tu anonimato que aprendí a esperar. Y mientras, decidí ponerte un nombre. Así fue como comencé a llamarte mi amor”.

 

Antes de ti yo conocí muchas cosas. O creía conocerlas. Fui de un lado a otro explorando sensaciones y saciando mi curiosidad por el mundo, la gente, la vida y el amor.

Durante todo ese tiempo, fuiste un espejismo. Una idea vaga que con frecuencia venía a mi cabeza y que yo procuraba abrazar cada que pudiera.

Te contemplaba unos instantes y luego te dejaba ir así, difuso, sin forma…sin nombre. Pero sabiendo que existías en alguna parte.

Después continúe caminando por el sendero de mi propia vida que tras llevarme a vivir algunas experiencias, decidió cambiar la ruta y cruzar mi camino con el tuyo y al revés. Caminos que al cruzarse, hicieron desaparecer el “tú” y “yo” por separado, para comenzar a crear un “nosotros”. Y lo hizo.

Entonces, un día en donde no esperaba que la vida me sorprendiera contigo, por fin supe tu nombre y el anonimato se esfumó. Supe tu nombre y todo aquello que yo había imaginado, incluso desde antes de conocerte, comenzó a tener forma y color. Supe tu nombre y de inmediato lo metí en mi lista de palabras favoritas para pronunciar.

Me gustó la emoción de finalmente poder ponerle nombre a ese anónimo que desde siempre supe que existía, aunque no supiera dónde. Y ahora que sé tu nombre, me gusta repetirlo en voz alta y también para mis adentros. Lo repito en silencio cuando no estás cerca para sentirte conmigo.

“Me gusta que sean mis labios los que hayas escogido para pronunciar tu nombre”.

Conozco tu nombre y ahora me gusta que aparezca en la pantalla de mi teléfono y también que venga a mi mente cuando escucho alguna canción. Me gusta verlo ahí, en letras grandes y enmarcado.

Ahora sé tu nombre y me doy cuenta que combina bien con el mío. Que no es solamente un nombre, es también el valor que hay detrás de él y que yo le he dado por las razones y motivos que me das a diario para hacerlo.

Ahora sé tu nombre y mis labios ya no tienen ganas ni interés en pronunciar otro que no sea el tuyo, porque no sabría igual. Pero sobre todo, porque todo esto que me haces sentir, cada emoción, cada sensación y todo el calor que me recorre el cuerpo cuando tus ojos me ven y tus manos me tocan, llevan ya incrustado tu nombre y apellido.

Ese nombre que aunque corto, provoca en mí emociones gigantescas, tan grandes que no puedo cargarlas yo solo, por eso te las comparto, porque en parte son tuyas. Te pertenecen. Y ya entendí que eres tú, solo tú vida mía, el único a quien se las quiero entregar, aprovechando ahora que sé tu nombre y ya nada ni nadie me lo podrá borrar.

Fin.

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